|
XI.
LA JUSTICIA
“Felices
los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados” (Mt 5,6)
¿Quiénes son los verán a Dios?, los que
han sido justos
Intentare definir lo que es justicia,
de una forma que sea entendible para la mayoría, siempre es bueno conocer el origen de las
palabras, el motivo de su existencia, de su significado y de su forma
etimológica, algo que no haré en este caso. Esta palabra, que además es una
de las virtudes cardinales, expresa un sentimiento muy importante, es una
de las más clamadas y oídas, pero es la que menos caso se le presta en la
vida de los hombres.
Decimos entonces que es la inclinación
o la tendencia a dar y reconocer a cada uno lo que le corresponde, es el
actuar sin favoritismo, lo que debe hacerse según el derecho o la razón,
todo aquello que el pueblo espera de sus gobernantes, todo aquello que hace
el organismo o autoridad encargados de aplicar las leyes y de castigar su
incumplimiento, el administrar justicia, dictar sentencia aplicando las
leyes en un juicio y hacer que se cumpla, hacer justicia a alguien y
tratarlo como le corresponde por sus propios méritos o condiciones, ser
como corresponde según el derecho o la razón
Son muchos los fragmentos de las
sagradas Escrituras donde leemos la palabra justicia, todos utilizamos esta
palabra desde siempre, tanto para reclamarla como para hablar de ella, y
hemos descubierto por nuestra propia cuenta cuan grande es, mucho más de
los que son los hombres, más que toda la realidad de nuestra vida, pero lo
increíble, es lo difícil de conseguirla de nosotros mismos, es así, como
parece que a través de toda nuestra vida nos sentimos que no la hemos
tenido plenamente y tenemos sensaciones y sentimientos de escasez y de
insaciabilidad de justicia, hambre de ella, y con tristeza observamos cada
día como el mundo y los hombres no tienen capacidad de darle solución a
este requerimiento.
Entonces no nos queda otro camino que
buscarla en quien realmente la puede dar, y no dirigimos a Dios, porque en
El tenemos la convicción absoluta que tiene la forma de aplicarla con el
reconocimiento total de culpables o inocentes que ha lo hace con la
perfección imposible de imitar por los hombres.
Con este sentido, la única forma de
conocer la justicia es ir por el camino del anuncio del mensaje de
Jesucristo, este es el verdadero alcance que le debemos dar a la justicia,
en nuestra vida humana, en toda nuestra sociedad, porque es básico para la
vida, la existencia y convivencia
de los hombres.
A través de nuestra historia, a lo
largo de los siglos, la justicia ha sido solicitada con llantos, lágrimas y
sufrimiento, más que con alegría, se ha reñido con todo el concepto ético y
moral de la sociedad, siempre que han tratado de aplicarla con plenitud, se
ha buscado alguna sustitución de la justicia aplicando algo según la
conveniencia.
Por que dar y reconocer a cada uno lo
que le corresponde, y actuar sin favoritismo, nunca ha sido una cosa fácil,
porque siempre hay algo que influye y produce un grado menos de justicia de
la que se debe aplicar, y esto puede ser el color de la piel, la edad, la
jerarquía, la nacionalidad, el cargo, el oficio, la situación económica,
las creencia religiosas o el buen o mal defensor que se tenga.
Todos reconocemos nuestra gran
necesidad de hacer una vida en el entorno del cual depende el sentido y el
valor de esta palabra, justicia, siendo justos y actuando con todo con
justicia, con todos los hombre sin distinción y en todas las
circunstancias, y eso no es otra cosa que el mandamiento de amor hecho por
Jesucristo, Jesús le respondió a los fariseos, (Mt 22, 34-40): "Amarás
al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu
espíritu. Éste es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es
semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos
mandamientos dependen toda la
Ley y los Profetas", esto es, porque no puede ser
posible la justicia sin amor, y no puede concebirse el amor sin justicia.
Hacer justicia a alguien es tratarlo
como le corresponde por sus propios méritos de ser un hombre más, un hijo
del mismos Padre, y Dios nos ama a todos porque somos sus hijos, y amando a
los hombres amamos a Dios, ser justo
significa dar a cada uno cuanto le es debido, si a Dios le debemos
amor, dándosele a su hijos, el se sentirá amado por nosotros.
Por todo esto es indispensable que
conozcamos y profundicemos lo que es la justicia, no es una materia de
ciencia cívica, es una virtud, y a ella se llega con un corazón dispuesto a
que sea habitado por Dios. “La justicia es un inestimable tesoro depositado
en le alma”, decía San Clemente, como no va a serlo si es algo que puede
hacernos realmente felices, por que eso es tener también el tesoro de Dios
en nosotros.
"El Señor es misericordioso y
justo”, repetimos incansablemente esta bella monición, porque la justicia
de Dios siempre viene acompañada de
su misericordia, especialmente porque nunca nos sanciona de acuerdo a la
gravedad de nuestras faltas.
Así como el amor va de la mano con la
justicia, también va de la mano con la verdad, es así como, Dios quiere la
misericordia y la verdad al mismo tiempo, por eso siempre seremos justos,
si amamos la verdad, por que Dios ama a estas tres cosas por igual, ama la
justicia y la verdad sin diferencias.
Entonces ya podemos concluir que la
justicia perfecta consiste en no hacer a otros el mal que no quisiéramos
que se nos hiciese a nosotros, en desear a todos los hombres lo que
deseamos para nosotros, y en amar por amor de Dios, no sólo a nuestros
amigos, sino también a nuestros enemigos, y en nunca abandonar la verdad,
con estos dos elementos, amor y verdad, seremos mas justos, y con ellos
candidatos a un buen premio, como el que nos dijo San Agustín, "El
premio de los justos es el mismo Dios: este es al que aman y quieren, y si
aman otra cosa, no será casto su amor”.
|