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LA MORAL DEL CRISTIANO

REFLEXIONES DE NUESTRA MORAL

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

XI.  LA JUSTICIA Y LOS JUSTOS

Yo camino por la senda de la justicia, por los senderos de la equidad, (Proverbios 8, 20). Hijos míos, que nadie os engañe. Quien obra la justicia es justo, como él es justo.  (1 Juan  3,7)


1.    JUSTICIA, INCLINACIÓN NATURAL A DAR Y RECONOCER A CADA UNO LO QUE LE CORRESPONDE

¿Qué es justicia?, ¿ecuanimidad? ¿Equidad?, ¿imparcialidad?, ¿igualdad?, siempre es bueno conocer el origen de las palabras, el motivo de su existencia, de su significado y de su forma etimológica y la opinión de algunos sabios al respecto. Aristóteles dice que la justicia tiene igualdad proporcional, es decir dar a cada uno lo que es suyo, o lo que le corresponde a cada ciudadano tiene que estar en proporción con su contribución a la sociedad, sus necesidades y sus méritos personales. Para Santo Tomás de Aquino es la “Ley Natural”, es decir, que los ciudadanos han de tener los derechos naturales, que son los que Dios les da, estos son los que hoy conocemos como los “Derechos Humanos”. “Si sabéis que él es justo, reconoced que todo el que obra la justicia ha nacido de él”. (1 Juan 2, 29). La justicia bien entendida, es la primera exigencia de la caridad como reconocimiento de la dignidad y de los derechos del prójimo.

Esta palabra, que además es una de las virtudes cardinales, expresa un sentimiento muy importante, es una de las más clamadas y oídas, no obstante, no ha sido la más aplicada en la vida de los hombres. Y frente a la penurias del hombre por no aplicarse siempre, el Señor nos dice: “Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados” (Mt 5,6)

En mi opinión, ser justo, es tener la inclinación natural a dar y reconocer a cada uno lo que le corresponde, es ser capaz de actuar sin favoritismo, y en general, es lo que debe hacerse según el derecho o la razón. Públicamente, es todo aquello que el pueblo espera de sus gobernantes, todo aquello que hace el organismo o autoridad encargados de aplicar las leyes y de castigar su incumplimiento, el administrar justicia, dictar sentencia aplicando las leyes en un juicio y hacer que se cumpla, hacer justicia a alguien y tratarlo como le corresponde por sus propios méritos o condiciones, como corresponde según el derecho o la razón. “En esto se reconocen los hijos de Dios y los hijos del Diablo: todo el que no obra la justicia no es de Dios, ni tampoco el que no ama a su hermano”. (1 Juan 3, 10)

2.    "JUSTICIA Y PAZ SE ABRAZAN"

La justicia significa también "paz" es decir, integridad y plenitud saludable de la coexistencia y el entendimiento entre las personas, porque si hay justicia, hay paz y donde reina la injustica siempre hay conflictos. Tanto la justicia como la paz son don de Dios, inseparables la una de la otra: "Amor y Verdad se han dado cita, Justicia y Paz se abrazan”  (Salmos 85,11). Dios es capaz de hacer brotar la paz y la justicia, es decir, de instituir una sociedad nueva, es así como el sabio reza: “la Verdad brotará de la tierra, y de los cielos se asomará la Justicia. El mismo Señor  dará la dicha, y nuestra tierra su cosecha dará; La Justicia marchará delante de él, y con sus pasos trazará un camino.  (Salmos 85, 13-15)

Así pues, le corresponde a las personas que gobiernan, como a todos los ciudadanos de cada país, la misión de hacer valer y mantener, dentro del pueblo una conducta donde no se atropelle con actitudes injustas, y con conciencia de que la solidaridad, la paz y la justicia que han recibido vienen de Dios. En efecto, la justicia es don de Dios y es la condición para la comunión con Dios y para la prosperidad social y económica pacífica de cualquier pueblo, es que esta justicia se dé entre los hombres. “El deseo de los justos es sólo el bien”, (Proverbios 11,23)

Para el cristiano, la justicia, es una condición donde cualquier pueblo está llamado a vivir para ser próspero y feliz, y esta no puede venir más que de Dios para aquellos que se conviertan, es decir, que se abran a acoger el don de la justicia.

La justicia es fruto del Espíritu presente en el hombre y se expresa en amor, paz, gozo, longanimidad, bondad, benevolencia, confianza, mansedumbre, dominio de sí mismo. Tanto a nivel individual como en cuanto comunidad cristiana en el mundo. Ante todo formando una comunidad que vive la justicia es como los cristianos hacen que reine la justicia de Dios en el mundo.

3.    ¿QUIÉNES SON LOS VERÁN A DIOS?, LOS QUE HAN SIDO JUSTOS

Son muchos los fragmentos de las Sagradas Escrituras donde leemos la palabra justicia, lo que nos hace preguntarnos: ¿Quiénes son los verán a Dios? Y la respuesta siempre es clara; “los que han sido justos”. Dice el profeta Isaías: “El que anda en justicia y habla con rectitud; rehúsa ganancias fraudulentas, se sacude la palma de la mano para no aceptar soborno…..Ese morará en las alturas, subirá a refugiarse en la fortaleza de las rocas, se le dará su pan y tendrá el agua segura”. (Isaías 33, 15-16). A todos nos encanta utilizar esta palabra “justicia” y desde siempre, tanto como para reclamar justicia, como para hablar de ella, y hemos descubierto por nuestra propia cuenta cuán grande es, mucho más de los que son los hombres, más que toda la realidad de nuestra vida, pero lo increíble, es lo difícil que resulta conseguirla de nosotros mismos, es así, como parece que a través de toda nuestra vida nos sentimos que no la hemos tenido plenamente y tenemos sensaciones y sentimientos de escasez y de insaciabilidad de justicia, hambre de ella, por lo cual, con tristeza observamos cada día como el mundo y los hombres no tienen capacidad de darle solución a este requerimiento.

Dice el sabio que “el Señor abomina el camino malo y ama al que va tras la justicia”. (Proverbios 15, 9) Entonces no nos queda otro camino que buscarla en quien realmente la puede dar, y nos dirigimos a Dios, porque en El tenemos la convicción absoluta que tiene la forma de aplicarla con el reconocimiento total de culpables o inocentes y que lo hace con una perfección imposible de imitar por los hombres. “Porque el Señor a su pueblo hace justicia, y se compadece de sus siervos”.  (Salmos 135,14)

“Practicar la justicia y la equidad, es mejor ante el Señor que el sacrificio”. (Proverbios 21, 3).  Con este sentido, la única forma de conocer la justicia es ir por el camino del anuncio del mensaje de Jesucristo, este es el verdadero alcance que le debemos dar a la justicia, en nuestra vida humana, en toda nuestra sociedad, porque es básico para la vida,  la existencia y convivencia de  los hombres.

4.    AMAR LA JUSTICIA POR AMOR AL PROJIMO

“Por tu nombre, Señor, dame la vida, por tu justicia saca mi alma de la angustia”  (Salmos 143, 11). A través de nuestra historia, a lo largo de los siglos, la justicia ha sido solicitada con llantos, lágrimas y sufrimiento, más que con alegría, se ha reñido con todo el concepto ético y moral de la sociedad, siempre que han tratado de aplicarla con plenitud, se ha buscado alguna sustitución de la justicia aplicando algo según la conveniencia.

Porque dar y reconocer a cada uno lo que le corresponde, y actuar sin favoritismo, nunca ha sido una cosa fácil, porque siempre hay algo que influye y produce un grado menos de justicia de la que se debe aplicar, y esto puede ser el color de la piel, la edad, la jerarquía, la nacionalidad, el cargo, el oficio, la situación económica, las creencia religiosas o el buen o mal defensor que se tenga. Dice el sabio: “Amad la justicia, los que juzgáis la tierra, pensad rectamente del Señor y con sencillez de corazón buscadle”. (Sabiduría 1,1).

Todos reconocemos nuestra gran necesidad de hacer una vida en el entorno del cual depende el sentido y el valor de esta palabra, justicia, siendo justos y actuando con todo con justicia, con todos los hombre sin distinción y en todas las circunstancias, y eso no es otra cosa que el mandamiento de amor hecho por Jesucristo, Jesús le respondió a los fariseos, (Mt 22, 34-40): "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Éste es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas", esto es, porque no puede ser posible la justicia sin amor, y no puede concebirse el amor sin justicia.

5.    "EL SEÑOR AMA AL QUE VA TRAS LA JUSTICIA”

Hacer justicia a alguien es tratarlo como le corresponde por sus propios méritos de ser un hombre más, un hijo del mismos Padre, y Dios nos ama a todos porque somos sus hijos, y amando a los hombres amamos a Dios, ser justo  significa dar a cada uno cuanto le es debido, si a Dios le debemos amor, dándosele a su hijos, él se sentirá amado por nosotros.

Por todo esto es indispensable que conozcamos y profundicemos lo que es la justicia, ya que no es una materia de ciencia cívica, sino que es una virtud, y a ella se llega con un corazón dispuesto a que sea habitado por Dios. “La justicia es un inestimable tesoro depositado en el alma”, decía San Clemente, como no va a serlo si es algo que puede hacernos realmente felices, porque eso es tener también el tesoro de Dios en nosotros.

"El Señor es misericordioso y justo”, repetimos incansablemente esta bella monición, porque la justicia de Dios siempre viene acompañada  de su misericordia, especialmente porque nunca nos sanciona de acuerdo a la gravedad de nuestras faltas, “el Señor es compasivo y misericordioso, perdona los pecados y salva en la hora de la tribulación” (Eclesiástico 2, 11)

Así como el amor va de la mano con la justicia, también va de la mano con la verdad, es así como, Dios quiere la misericordia y la verdad al mismo tiempo, por eso siempre seremos justos, si amamos la verdad, porque Dios ama a estas tres cosas por igual, ama la justicia y la verdad sin diferencias, y Dios; “hace justicia al huérfano y a la viuda, y ama al forastero, a quien da pan y vestido.  (Deuteronomio 10, 18), pero por sobre todo: “ama al que va tras la justicia” (Proverbios 15,9)

6.    SER JUSTO SE IDENTIFICA CON HACER LA VOLUNTAD DEL PADRE

Conforme a lo que se desprende del Evangelio de Mateo, la justicia es una palabra clave de la predicación de Jesús. Ser justo se identifica con hacer la voluntad del Padre; “No todo el que me diga: Señor, Señor, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial”.  Palabra del Señor. (Mateo 7,21). “Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca” Palabra del Señor (Mateo 7,24). “Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena”. Palabra del Señor (Mateo 7,26). Revelada en las palabras de Jesús. Pero remitiéndonos a la parábola de los dos hijos que se les ordena trabajar en la viña (Mateo 21, 28) el Señor pregunta: ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre? Y luego responde así: “En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en él”. (Mateo  21,32).

Hacer la voluntad del Padre es creer en el anuncio del camino de la justicia, del que habla Jesús en el sermón de la montaña, y ponerlo en práctica; “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados”. (Mateo 5,6) “Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Mateo 5,10), “Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial.” (Mateo 6,1). “Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura”. (Mateo 6, 33)

El mismo Jesús cumple toda justicia; “Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia”. (Mateo 3,15), ya que realiza perfectamente el plan salvífico de su Padre.

7.    LA JUSTICIA ES QUERER VIVIR COMO JESÚS EN UNA SOCIEDAD NUEVA

La justicia es querer vivir como Jesús en una sociedad nueva, en la que la regla es Jesús mismo. El "camino de la justicia" es por tanto una nueva ordenación social, que se contrapone a todos los proyectos humanos de sociedad. La nueva sociedad de hermanos y hermanas de Jesús, los que hacen la voluntad del Padre; “Quien cumpla la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre”. (Marcos 3,35), realiza la justicia, que Jesús sintetizó en el mandamiento del amor a Dios y al prójimo: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas”.  (Mateo 22, 37-40)

Así pues, en la perspectiva del Evangelio la justicia no es una virtud ni una exigencia ético-legal, sino que indica el camino comunitario nuevo de aquellos que siguen a Jesús, donde por excelencia "el justo" es el mismo Jesús: “Al ver el centurión lo sucedido, glorificaba a Dios diciendo (por Jesús): “Ciertamente este hombre era justo” (Lucas 23,47). Jesús es el mártir inocente, que da su vida por amor a Dios y a los hermanos: "justo" aquí significa ser fiel hasta la muerte a la comunión con Dios y con los propios hermanos. Pero también Zacarías e Isabel son justos "ante Dios, pues guardaban irreprochablemente todos los mandamientos y preceptos del Señor" (Lc 1,6). Jose esposo de María es un hombre justo; “Su marido José, como era justo” (Mateo 1, 19). También Simeón (Lc 2,25) y José de Arimatea (Lc 23,50) son justos. Hasta un pagano como el centurión Cornelio es un "varón justo y temeroso de Dios" (Hechos 10,22). En todos estos casos la justicia implica una relación con Dios.

8.    LOS JUSTOS SON COLMADOS DE DICHA

“Hemos de ir por el camino de los buenos y seguir las sendas de los justos”. (Cfr. Proverbios 2,20). Entonces ya podemos concluir que la justicia perfecta consiste en no hacer a otros el mal que no quisiéramos que se nos hiciese a nosotros, en desear a todos los hombres lo que deseamos para nosotros, y en amar por amor de Dios, no sólo a nuestros amigos, sino también a nuestros enemigos, y en nunca abandonar la verdad, con estos dos elementos, amor y verdad, seremos más justos, y con ellos candidatos a un buen premio, como el que nos dijo San Agustín, "El premio de los justos es el mismo Dios: este es al que aman y quieren, y si aman otra cosa, no será casto su amor”. La luz de los justos alegremente luce,  (Proverbios, 19), los justos son colmados de dicha. (Proverbios 13,21),  por eso el Señor se aleja de los malos, y escucha la plegaria de los justos. (Proverbios 15,29)

 

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