|
XIX. ENFERMEDAD
Y ORACION
La enfermedad es una de las situaciones
más preocupantes para el hombre y en tanto
generadora de grandes angustias, tanto por si nosotros le atañe a él, a
familiares o amigos.
El hombre desde siempre ha buscado
alguna forma de liberarse de la enfermedad, dirigiéndose a los
conocimientos y avances médicos y rogando a nuestro Dios Padre, que nos
alivie. Una de las cosas que más nos cuesta entender, es por qué estamos
enfermos, y muchas veces nos preguntamos “¿Señor por qué a mí?”.
Pero si sabemos valorarla, la
enfermedad puede ayudarnos a descubrir nuestras soberbias y si lo deseamos
podremos sanarlas. La enfermedad nos muestra que somos vulnerables, que no
somos autosuficientes, creer que me basto a mi mismo, que no necesito de
Dios ni de los demás.
Si sabemos encausarla, la unión que
logramos con Cristo durante la enfermedad, nuestra fe en la oración y la
caridad que nace a raíz de ese suceso imprevisto que nos a llega a todos o
por lo menos que no esperamos que suceda, especialmente si reviste
gravedad.
Desde un cierto punto de vista, el
sufrimiento de la enfermedad ha sido para todos un momento triste pero a la
vez importante en nuestra relación con Dios. En efecto, como consecuencia de
este evento, nos hemos acordado de lo importante que es la oración, tanto
como para pedir la curación como para pedir fortaleza, acogiendo la
enfermedad con fe, esperanza y aceptación a la voluntad del Padre.
En consecuencia, en la oración por la
que imploramos la recuperación de nuestra salud y la de nuestra familia y
amigos, es una gran experiencia para todos nosotros. Ésta la podemos hacer
en casa, en los recintos de recuperación de la salud, como en nuestra
Iglesia. También, con la asesoría de nuestros sacerdotes, podemos hacer
peticiones o celebraciones con el apoyo de la liturgia que nuestra fe tiene
normalizada. En este último aspecto, es bueno que los fieles nos dejemos
guiar en esta materia y no caer en situaciones particulares de error. Recordemos
también que la Iglesia
dispone de un sacramento especialmente destinado a reconfortar a los
atribulados por la enfermedad, esta es la “Unción de los Enfermos”.
Nosotros hemos hecho nuestra vida en la
esperanza del gozo y la alegría y tenemos nuestro corazón preparado para
ello desde el inicio de los tiempos, es así como siempre esperamos en las
promesas que nos ha hecho Dios. Así está revelado en las Sagradas
Escrituras, donde Dios se ha manifestado y nos ha dado a conocer nuestro
plan de salvación.
Antiguo Testamento
Leemos en Isaías:
Isaías 30, 29; pero vosotros tendréis
una canción, como la noche en que se celebra una fiesta sagrada. Tendréis
alegría de corazón, como el que, al son de la flauta, viene al monte de
Jehová, a la Roca
de Israel.
Isaías 35, 10: los rescatados de Jehová
volverán y entrarán en Sion con cánticos. Y sobre sus cabezas habrá alegría
perpetua. Alcanzarán gozo y alegría, y huirán la tristeza y el gemido.
¿Y por qué no confiar que Él nos dará
la salud? En el libro de las profecías de Baruc, nos consuela la frase;
Baruc 4, 29: "Porque aquel que os
envió estos males, Él mismo traerá gozo sempiterno (que es eterno o que
dura siempre, porque teniendo principio no tendrá fin) con la salud que os
dará".
Pidamos a Dios que nos libre de todos
los males, ¿A quién más podríamos recurrir?
Sabiduría 16: "Con lo que le
demostraste a nuestros enemigos que tú eres el que libra de todo mal".
Sabiduría 16, 12: “Fue tu palabra, Oh
Señor, la cual sana todas la cosas”.
Así podemos, a través de la Palabra de Dios,
encontrar muchas respuestas a nuestras inquietudes, su promesa es que Él
nos traerá alegría al corazón y nos liberará de los males.
La enfermedad llega a todos los
hombres, no estamos libres de ella, es para los justos y para los pecadores.
La enfermedad no es un castigo, pero es un sufrimiento que llega a probar
si somos fieles a Dios. Si somos justos, tenemos la posibilidad de
demostrar a Dios, que aceptamos su voluntad, y que bajo cualquier
circunstancia somos fieles. Si somos pecadores, tenemos una buena ocasión
para arrepentirnos de nuestras faltas.
Nuevo Testamento
En el Nuevo Testamento nos maravillamos
de la admirable actividad de Jesús, quien tiene la más amorosa relación que
se conoce con los enfermos: Jesús recorre a través de Judea, Samaria,
Galilea, por todas las ciudades, aldeas y pueblos, haciendo curaciones y
milagros. Jesús sana las enfermedades a toda hora y durante todos los días
sin descanso.
Mateo 9, 35:”Jesús recorría todas las
ciudades y pueblos; enseñaba en sus sinagogas, proclamaba la Buena Nueva del
Reino y curaba todas las dolencias y enfermedades”.
Lucas 4, 38-39: "Al salir Jesús de
la sinagoga fue a casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta,
y le rogaron por ella. Jesús se inclinó hacia ella, dio una orden a la
fiebre y ésta desapareció. Ella se levantó al instante y se puso a
atenderlos".
Lucas 4, 40: “Al ponerse el sol, todos
los que tenían enfermos de diversos males se los llevaban a Jesús y él los
sanaba imponiéndoles las manos a cada uno.”
Lucas 5, 12-13: “Estando Jesús en uno
de esos pueblos, se presentó un hombre cubierto de lepra. Apenas vio a
Jesús, se postró con la cara en tierra y le suplicó: «Señor, si tú quieres,
puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero,
queda limpio».”
Jesús cura a los enfermos, es un claro
signos de su persona en quien se ha puesto una confianza absoluta y de
quien se espera la solución de todos los males, es nuestra esperanza, Él
nos trajo la buena nueva.
Lucas 7, 21-22: "En ese momento
Jesús curó a varias personas afligidas de enfermedades, de achaques y de
espíritus malignos y devolvió la vista a algunos ciegos. Contestó, pues, a
los mensajeros: «Vuelvan y cuéntenle a Juan lo que han visto y oído: los
ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen,
los muertos se despiertan, y una buena nueva llega a los pobres.
Jesús nos enseño y nos dio ejemplo de
acogida a los enfermos, nosotros imitándole a Él, como verdaderos
cristianos, nos corresponde ser amorosos con nuestros hermanos que sufren
la enfermedad. Nuestro papel de cristianos, es orar, y alentar a nuestros
hermanos cuando están enfermos, darles ánimo y no dejar que se depriman y
rogando al Señor, ellos se curarán.
Juan 4, 49-50: El funcionario le dijo:
«Señor, ten la bondad de venir antes de que muera mi hijo. Jesús le
contestó: «Puedes volver, tu hijo está vivo». El hombre creyó en la palabra
de Jesús y se puso en camino.
Tengamos la convicción, Jesús es
nuestra ayuda en la enfermedad.
Marcos 9, 23: “Jesús le dijo: « ¿Por
qué dices "si puedes"? Todo es posible para el que cree».
Finalmente, que nos quede claro, que el
recurso a la oración, nos ánima a conservar y recuperar la salud, nos motiva
a preocuparnos y a cuidar con amor a los enfermos, llevarles alivio, el que
reconfortará su cuerpo y le dará paz a su espíritu.
|