LA MORAL DEL CRISTIANO

REFLEXIONES DE NUESTRA MORAL

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

XVII.         LOS DERECHOS HUMANOS DE LOS CRISTIANOS

 

Los evangelios de nuestro Señor Jesucristo, son la más perfecta declaración del amor entre los hombres, y conllevan además el llamado de paz y de buena convivencia entre todos los hijos de Dios. Es así que como cristianos estamos invitados por Jesús, a participar en una constante lucha por la justicia y la plena equidad.

Jesús nos ha enseñado que Dios nos ha dado dignidad, esto nos obliga a velar por todos los hermanos, para que sean aceptados y respetados como seres humanos.

El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, esto es, fue creado moreno, blanco, pálido, rosado, negro, rubio, bajo, alto, gordo y flaco, es decir, todos infinitamente iguales a los ojos del Señor. En otras palabras, Dios ha creado una humanidad multirracial, como seres humanos individuos de una comunidad humana de diferentes sexos, pero de un igual corazón. Entonces el amor a Dios y a nuestro prójimo, precepto básico y fundamental, se basa en mirar a todo los hombres con los mismos ojos de igualdad con que nos mira nuestro Buen Padre.

Entonces damos gracias a Dios, por habernos creado con dignidad. La mejor forma de agradecer es el reconocimiento pleno y absoluto, que nuestra vida debe ser coherente con la verdad y la justicia, la que hemos de tener y practicar para ser constructores del Reino de los Cielos. Esto nos debe llevar a conllevar un espíritu solidario con los pobres, los cautivos, los enfermos, los necesitados, compartiendo con ellos todo lo que pueda mitigar sus necesidades y dolor.

Es así, y reconociendo todas las dificultades que nos pone la sociedad actual para la creación de una sociedad que respete a plenitud los derechos de dignidad como seres humanos, como cristianos no debemos escatimar esfuerzos para trabajar y defender con nuestra voz, nuestras palabras orales y escritas los derechos que le corresponden a la naturaleza de los hombres como hermanos nuestros e hijos de Dios.

Es decir, nuestra tarea es acercarnos a nuestros hermanos, para que acordemos ir por un camino de alegría hacia la patria celestial, para que la esperanza en la gracia de Dios, sea una fuerza viva que nos haga fortalecer nuestra fe, nuestro amor por la vida, comprometidos con los derechos humanos, es decir, también valorando la persona humana y así reconociendo que le otorgamos la misma importancia y valor que tienen los hombres para los ojos de Dios.

Tenemos la convicción de que Dios está aquí, allá y en todo lugar, porque para él no existen ni las fronteras ni las naciones, sólo somos pueblos que vivimos en distintas partes, y en todos los lugares del mundo nos corresponde vivir con espíritu de fidelidad a Dios y con responsabilidad ante su pueblo, hombres de todo el mundo.

A pesar de todo, estamos conscientes de que vivimos con muchas flaquezas y a veces nos sentimos impotentes e incapaces de hacer que el hombre viva como Dios desea que se comporten sus hijos. Así es, como con mucha pena observamos cómo sufren tantos hijos de Dios, que padecen de distintas violencias y discriminaciones. Pero lo peor es cuando presenciamos la crueldad y la complicidad de los sistemas políticos, que amparados por una suerte de autoridad cometen y promueven formas de vida irreverentes a las esperadas por el Señor. Frente a esto, el cristiano debe ser absolutamente consecuente con lo enseñado por Jesús, es decir, no dejarse tentar por la permisividad y la complicidad de aceptar la maldad y callarse frente a ella. Frente a esta debilidad, le pedimos a Dios, que nos dé toda su fuerza, para ser capaces de en todo evento, trabajar por el respeto a la dignidad humana.

La complicidad a favor de la discriminación, la violencia racial, el abuso contra las minorías étnicas, el hacer la “vista gorda” frente al hombre que sufre, es una actitud en contra de Dios, en contra de su morada, es decir, no deja de ser otra cosa que un gravísimo pecado. Del mismo modo es una falta contra nuestro Buen Padre, no hacer nada por evitar el sufrimiento de sus hijos, porque cuando estamos impedidos de actuar, nada nos impide orar, y no hacerlo es pecar de desidia.

Pero son muchas y variada formas de no respetar los derechos de los hombres, tales como el pagar sueldos de miserias, el ser usurero, el explotar a los niños, el comercio sexual, el no dar vivienda digna, el negar el derecho al trabajo, no proporcionar salud al enfermo, no permitir la buena alimentación, no trabajar para mejorar la calidad de vida, los atentados terroristas, la falta de libertad de expresión, la cárcel de conciencia, la disminución de la libertad, la negación de la justicia, el no permitir la libertad religiosa, negar la cultura, el idioma y la tradición, el establecimiento de regímenes políticos con ideales autoritarios, el uso de la fuerza, y cualquier pretexto para negar que el hombre viva en la paz que el Señor Jesús nos dejó.

Los valores enseñados por Jesús en los evangelios son superiores a todo principio que se quiera establecer para la vida de los hombres, entonces para cualquier forma de vida, debemos supeditarla a las enseñanzas de Jesús, ese es el primer condicionamiento a los principios de la ética y la moral del mundo. En otras palabras, el cristiano no es ambiguo y es un eterno luchador por la paz, la fraternidad y el amor entre los hombres, es decir, es trabajador de la construcción del Reino de los Cielos, leal y fiel a Dios.

Por tanto, son de nuestra responsabilidad los derechos humanos, así es, como no sólo nos corresponde exigir su respeto, sino que además trabajar por ellos, para que nuestra sociedad no se corrompa y viva en paz. También es de nuestra responsabilidad que no exista la impunidad por las violaciones que se cometan, como algo esencial para que se haga justicia, haya perdón y exista la reconciliación y vuelva la paz en el corazón de los hombres. La paz debe ser siempre justa y verdadera.

También es nuestra responsabilidad evitar la existencia de conflictos y guerras, las que llevan a un inmedible sufrimiento en las naciones, al desprecio por la vida, a la falta de respeto por las etnias, a las luchas religiosas y al sometimiento de los pueblos a potencias superiores.

Los cristianos debemos tener la gran convicción, de que todos los seres humanos han sido creados a imagen de Dios, por tanto todos ellos merecen los mismos derechos, hombres, mujeres, adultos y niños, sanos, enfermos, discapacitados físicos o mentales, necesitan la protección y el cuidado que le corresponde a la dignidad de la creación. Si nuestro prójimo sufre, nosotros sentimos dolor, esta es nuestra responsabilidad, una vida como nos enseña Jesús, una vida como se indica en los evangelios, todos los hombres somos iguales a los ojos de Dios, es así como cristianos, comprometámonos a respetar plenamente los derechos humanos, eso es respetar y ser fieles a nuestra fe.

 

p.s.donoso@vtr.net