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XXIV. LA
LÁGRIMA DE DIOS
Un
Relato
Mí amigo me comentó que cierto día, no
había ninguna nube en el cielo, que era intensa la claridad del día y sin
embargo no lograba ver, trataba de mirar hacia el futuro por si allá era
posible ver alguna salida, y no veía nada, cerró los ojos y repasó en su
memoria uno por uno a sus amigos, por si podía contar con alguien, hasta
que su dolor emocional comenzó a hacerse insoportable: En ese punto la
desesperación era también intensa, de tal modo que la angustia y el
sufrimiento contaminaba su razón y anulaba en él toda forma de pensar.
Entonces trató de buscar una solución en él, sin embargo, no lograba
encontrar la fuerza positiva para levantarse, así, comenzó a sentir como
las fuerzas negativas, nutridas de los aspectos desfavorables y dañinos de
las actitudes de su vida pasada, daban palos contra su alma a fin de
provocar el golpe de gracia.
Es así, como llegó a pensar en una
inesperada decisión influenciada por su pesar, él ya no quería vivir, y le
dejó su destino a la razón ya atrapada por el sufrimiento, la que le sentenció
que debía aceptar morir. Así fue, como llegó a este punto de su vida.
Entonces estuvo junto a un desolado barranco a punto de cumplir la
sentencia. Sin embargo, en un instante acercó sus manos al corazón, las
apretó al pecho y luego, las levantó hacia el cielo, cerró los ojos y sin
esperar algo, sintió sobre su rostro la fuerza de una gota de agua, luego
otra y otra, hasta que llegaron a sus labios y gustó de su sabor.
Entonces retrocedió un paso atrás,
abrió los ojos, y miró al cielo, pero no había ninguna nube, entonces se
preguntó - ¿y estas gotas sobre mi cara de dónde vienen? - Guardo silencio
total, estaba solo, pero se sintió acompañado, entonces nuevamente llegaron
hasta él otras gotas, en ese minuto comprendió que alguien lloraba por él,-
¿quién podría ser?, y en el silencio pudo darse cuenta de quién podía
sufrir por lo que estaba por hacer, pues la gotas sabían a amor de Padre
que ama a su hijo, pero ¿Él?, se preguntó e insistió, pero como ¿Él
llorando?, ¿acaso Dios sufre por nosotros?
La
ayuda
Cuando terminó de contarme su relato,
le dije amigo, somos seres humanos, pero somos un milagro de Dios, por eso
Él sufre si no actuamos como Él nos hizo, porque nos hizo con amor, y amor
es vida, El nos hizo fuertes, capaces, nos dotó de inteligencia, nos
entregó dones y talentos, y tenemos que buscarlos en nosotros, porque están
en nosotros. Esas cualidades que nos entregó Dios, nos harán entusiasmar,
cuando tengamos un problema. Digamos esta palabra que nos entusiasmará y
nos estimulara para avanzar, digámosla con fuerza amigo, acéptate,
reconócete, reanímate, encuéntrate y entonces sentirás que todo lo que te
ha pasado, es para que comiences una vida nueva, hazte nuevos propósitos, y
vas a reconquistar tu felicidad, y te darás cuenta que podrás conseguirla.
No temas comenzar de nuevo, eres la creación de Dios, y si aceptas eso, el
camino hacia la felicidad lo encontrarás pronto, porque el aceptar que eres
un milagro de Dios, todo lo que enfrentes será superado.
Aunque mentes brillantes traten de
convencernos de lo contrario, no hay ninguna duda, Dios se conmueve, eso lo
percibimos en Cristo, en Él se manifiesta no sólo el rostro de Dios, sino
también la perfección del hombre. Si oímos con atención los Evangelios,
descubriremos a un Jesús conmovido ante Dios: "Se llenó de gozo Jesús
en el Espíritu y exclamó: 'Yo te bendigo Padre'". Ante los demás: como
en los casos de la viuda de Naín y la muerte de
Lázaro, "se estremeció por dentro y se conmovió". En Getsemani,
sintió sus propios sufrimientos. En la Cruz, donde Cristo encarna la figura del
siervo de Dios, hombre de dolor, que lleva sobre sus espaldas los
sufrimientos de los hombres de la tierra, en fin, son muchos los pasajes
donde se destaca a un Jesús solidario con el dolor de los hombres.
En efecto, en Cristo, nosotros nos
sentimos comprendidos y queridos por Dios. "Si alguno está cansado y
agobiado, que venga a mí y yo lo aliviaré" (Mt 11, 29). Y es invitado
a imitar sus sentimientos: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de
corazón" (Mt 11, 29). Así es, la piedad cristiana ha obtenido una
fuente de inspiración y consuelo en el corazón de Cristo.
Los hombres cuando nos acercamos a
Dios, nos convencemos de su infinita misericordia, miremos a Moisés, un
hombre que se dirige a Dios y exclama "Dios, misericordioso y
clemente, tardo a la cólera, rico en piedad y fiel, que mantiene su amor
por mil generaciones" (Ex 34, 6-7).
En el Nuevo Testamento, la imagen de
Dios está reflejada por toda la vida y la predicación de Jesucristo, que
revela su paternidad. Dios es Padre de Jesucristo, y así también de todos
los hombres, el se preocupa de nosotros, y nosotros no podemos olvidarnos
de él.
Como en el caso de mí amigo, hay que
retirarse de los barrancos, porque el atentar contra sí, no es una elección
de vida, es algo que sucede cuando la desesperación y el dolor no nos
permiten ver los recursos que tenemos para afrontarlo, el recurso de la fe.
Desde niños nos enseñan nuestros padres diversas formas de solucionar los
problemas, pero el mejor estímulo para afrontar una situación difícil, nos
llega cuando nos acordamos de Dios.
Es así, como lo importante en cada uno
debe ser el amor por lo demás, que también es la preocupación por la vida
de los demás. De esta forma sabremos interpretar los síntomas tan usuales
en los hombres y acudir en su ayuda cuando más lo necesiten, por tanto
estemos atentos a las diversas situaciones que nuestro prójimo manifiesta
para ir en su auxilio.
Debemos preocuparnos si observamos
tristeza persistente, eso de romper a llorar sin saber por qué,
desesperación, impotencia, sensación de negativismo, pesimismo, fatiga o
pérdida de interés en actividades comunes de cada uno.
Alteración en los patrones de sueño y
alimentación, irritabilidad, eso de enojarse fácilmente por pequeñas cosas
que antes no molestaban, ansiedad, pánico, dificultad para concentrarse,
recordar o tomar decisiones, aislamiento incapacidad o falta de interés en
comunicarse.
Estos signos, que pueden ser
conscientes o inconscientes, son muchas veces un grito de ayuda de una
persona que no es capaz de expresar lo mal que se está sintiendo. La
presencia de estos signos no indica necesariamente que quiere atentar
contra su vida, pero conviene estar atentos.
Muchas veces oímos decir cosas como:
"todo el mundo estaría mejor sin mí"; "no importa; no estaré
aquí mucho tiempo más"; "lo sentirás cuando esté muerto".
Respecto a estas expresiones hay que tenerlas muy en cuenta y no
considerarlas sólo palabras sin sentido.
Si nos damos cuenta de algún extraño indicio
de alguien, yo creo que lo mejor es preguntárselo, lo más seguro es que le
darás una oportunidad de hablar libremente, ya que el que esta ahogado en
algo siempre recibirá como un bello gesto que un amigo o un familiar le
escuche, esto puede ayudarle mucho.
Cuando alguien está en dificultades, no
lo dejemos solo. Escuchemos atentamente lo que tenga que decirnos sin
juzgarle. No tratemos de minimizar sus problemas e intentemos ponernos en
su lugar y entender lo que siente. Recordemos que para esa persona que
sufre, sus problemas son tan graves como para preferir pensar en la muerte
antes que seguir soportándolos.
De la misma forma si estamos nosotros
en problemas, es bueno pensar en nuestras metas planeadas, nuestras
esperanzas y deseos para el futuro y sobre todas en esas personas que
valoramos. Es bueno hablar con las personas que son importantes para
nosotros y comunicarse con Dios, pedir su fortaleza. No olvidemos a nuestra
madre, y a nuestra Santa Madre la
Virgen, aún no he conocido hombre que haya dicho que no
ha sido atendido por sus oraciones, no olvidemos a nuestro hermano Jesús,
su corazón es cariñoso y comprensivo.
En efecto, nuestro amor por el Señor,
permitirá sanar nuestras heridas, no vamos a probarle a nadie nuestro amor
si lo hacemos llorar por nuestra muerte, pero si le permitimos entrar en
nuestro corazón, ese amor permanecerá toda nuestra vida a través del
recuerdo de los momentos felices, de aquellos que nos hacen sonreír,
nuestra familia, hijos, hermanos, amigos.
Dios nos entregó esa facultad de elegir
nuestro camino, nuestra forma de vida, es así como es bueno elegir amar en
lugar de odiar, es mejor reír que llorar, hagamos hoy las cosas que nos son
necesarias, no la aplacemos, el amor por la vida es crecer y lo contrario
es consumirse, por eso siempre optemos por la vida y no la muerte.
Aprendamos a sentir la presencia de
Dios en cada acto de nuestra vida, la veremos con más optimismo y por
supuesto que con esperanza.
Dejemos atrás los temores, no tengamos
sentimientos de derrota, Dios esta a nuestro lado desde siempre,
llamémoslo, busquémoslo, no vivamos sin Él, porque en un segundo sin Él,
estaremos absolutamente perdidos.
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