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XXV. EL
CUIDADO Y LA ATENCIÓN ESPIRITUAL DE LOS ENFERMOS
El hermano enfermo no sólo tiene el
derecho del cuidado físico en su enfermedad, además tiene el derecho del
cuidado y atención espiritual.
En efecto, un gran gesto de amor, una
actitud de caridad, algo importante que podemos hacer por un ser querido, o
un hermano enfermo, es ayudarle con nuestras oraciones y cuidados
espirituales.
Así es, como los cristianos enfermos
deben procurar en primer lugar cuidar su salud, nosotros somos creación del
Señor, por tanto su patrimonio de Dios, por tanto tenemos el deber de
cuidarnos la salud física y la del alma, y aprovechar la oportunidad de
ofrecer los sufrimiento a Cristo.
El cuidado de la salud de los hombres
requiere la ayuda de sus hermanos, de sus familiares, de sus amigos, como
también del resto de la sociedad en la cual viven, a fin de lograr las
condiciones de calidad de vida que permiten crecer, estudiar, formar
familia, formarse espiritualmente, como alimentarse, vestirse, tener
vivienda, trabajo y jubilarse o pensionarse.
Josemaría Escrivá, decía algo que
interpreto así: “Si las cosas salen bien, alegrémonos y demos gracias a
Dios, y si salen mal, alegrémonos por esta oportunidad de ofrecer al Señor
la dulce carga de la Cruz
de Jesús”
Debemos si tener cuidado de tener una
actitud por un excesivo cuidado por conservar la salud, cuando esta se
interpreta como una señal de egoísmo y falta de confianza en Dios.
Mi padre me enseñó hace muchos años
atrás, la necesidad de cuidar el cuerpo de manera razonablemente, porque no
debemos olvidar que es templo del Espíritu Santo.
Es así, como la vida y la salud física
son bienes preciosos confiados por Dios, razón importante para cuidar a los
enfermos, teniendo en cuenta sus necesidades y la de los demás y el bien
común.
También es bueno recordar, que el
hermoso don de la vida está en manos de Dios.
En efecto, el hombre no es dueño de su
vida ni de su salud y perjudicarlas por desidia, falta de cuidado o negligencia
es una ofensa a Dios, es así entonces que no debemos ser indisciplinados
con los buenos consejos médicos, no tomar los medicamentos recomendados o
hacernos el desentendido con ciertos síntomas que nos advierten de algún
peligro de enfermedad.
También me parece, que no debemos
engañar a un hermano enfermo si está cerca de la muerte, no estaría bien
decirle que todo anda bien y que no hay que preocuparse.
Seamos misericordiosos con esto, ya que
se trata de un tiempo que el enfermo debe aprovechar para que prepare al
encuentro con el Señor, los últimos días de vida pueden ser decisivos para
su vida eterna, es cuando el hermano enfermo debe recibir los Sacramentos
de Penitencia y Reconciliación, esto es, la Confesión y la Comunión. Yo
tengo mi experiencia personal en esto, en una etapa de mi vida durante 18
meses estuve acompañando a mi difunta esposa, la cual sufrió de un Cáncer
irrecuperable, y así fue como estuvimos preparando las maletas para su
viaje a la vida eterna, en el momento que el Señor dispusiera, y esta
grabado por la eternidad en mi corazón el minuto cuando ella me sonrió y a
los pocos segundos partió en su viaje.
Por otra parte no dejemos de lado, la Unción de los Enfermos,
esta se debe recibir tan pronto se sepa que hay enfermedad, especialmente
si es grave, en todo caso se debe explicar que este sacramento no es para
pacientes desahuciados, es para entregarnos en las manos de Dios y decir
que estamos abiertos a la curación, y dedicar este sufrimiento para llevar
la cruz de la enfermedad con gracia y para nuestro bien.
Hace poco, junto a un Tío Presbítero,
se la dimos a mi padre de 78 años, el cual estaba bastante mal y temíamos
por su vida, hoy nuevamente, se le ve sonreír, por continuar viendo a
diario su familia que el formó con los fundamentos de nuestra fe.
Oremos entonces con y por los hermanos
enfermos, lo podemos hacer con el rosario y otras oraciones, meditemos los
mensajes del Señor en la
Biblia, en los Evangelios.
Recordemos que estamos con Nuestro
Señor, con su Hijo Jesucristo, con nuestra Madre la Santísima Virgen.
Ellos están siempre con el hermano enfermo.
Ayudar también al hermano enfermo a
estar en gracia de Dios.
ORACIÓN
DEL ENFERMO
¡Oh Dios!, de mi debilidad y mi
fortaleza,
de mi tristeza y de mi alegría,
de mi soledad y compañía,
de mi
incertidumbre y esperanza.
En la noche de mi enfermedad
me pongo en tus manos de Padre:
Alumbra esta oscuridad con un rayo de
tu Luz,
abre una rendija a mi esperanza,
llena con tu
Presencia mi soledad.
Señor, que el sufrimiento no me
aplaste,
para que también ahora
sienta el alivio de tu Amor
y sea agradecido a la generosidad
de cuantos sufren
conmigo.
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