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LA MORAL DEL CRISTIANO

REFLEXIONES DE NUESTRA MORAL

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

XXVI.          LA TOLERANCIA, UN DON DE DIOS, QUE SE RECIBE COMO PARTE DE SU SABIDURÍA

“Pedro tomó la palabra y dijo: Verdaderamente comprendo que Dios no hace diferencia de personas”  (Hechos 10, 34) “porque no hay más que un solo Dios,  (Romanos 3, 29-30) y, “uno mismo es el Señor de todos”. (Romanos 10,12)

1.    LA SABIDURÍA ES UN ESPÍRITU QUE AMA AL HOMBRE Y LO HACE TOLERANTE

Muchas personas, ven a la religión, como un ideal de fe intolerante, que se opone y no acepta que otros que no son de la misma fe piensen distintos, y esto viene por que las sagradas escrituras nos presentan relatos que contienen una fuerte carga de intolerancia y fanatismo, pero lo cierto, es que esa es la parte humana, porque lo que viene de Dios, es de un amor gratuito que siempre defiende, protege y propone tolerancia y respeto a las conciencias del hombre. Lo que necesita el hombre, para comprender lo que Dios desea de nosotros, es dejar que Él nos alimente con su sabiduría y para comenzar este tema, lo he hecho con una lectura del Libro de la Sabiduría, a fin de  que su luz y la claridad que de ella viene, nos permita ver de un modo distinto y comprender mejor porque la tolerancia, un don de Dios, que se recibe como parte de su sabiduría.

El sabio nos recomienda: “Amen la justicia, los que juzgan la tierra, piensen rectamente del Señor y búsquenle con sencillez de corazón”, importante recomendación para poseer la gracia de ser tolerante, abierto y comprensivo con nuestro prójimo. Y luego sigue: “Porque se deja hallar de los que no le tientan, se manifiestan a los que no desconfían de él. Pues los pensamientos tortuosos (intolerantes) nos apartan de Dios y el Poder, puesto a prueba, rechaza a los insensatos”. La escritura sagrada, siempre nos piden no alejarnos de Dios, y los pensamientos tortuosos, muchas veces hacen del hombre un intolerante. Y sigue la lectura: “En efecto, en alma fraudulenta no entra la Sabiduría, no habita en cuerpo sometido al pecado; pues el espíritu santo que nos educa huye del engaño, se aleja de los pensamientos necios y se ve rechazado al sobrevenir la iniquidad. La Sabiduría es un espíritu que ama al hombre”. Y esa sabiduría, viene de Dios, porque quien todo los sabe y lo conoce, es solo Dios. Finaliza este párrafo: “Porque el espíritu del Señor llena la tierra y él, que todo lo mantiene unido, tiene conocimiento de toda palabra”. (Sabiduría 1, 1-7)

“Radiante y eterna es la Sabiduría. Fácilmente la contemplan los que la aman y la encuentran los que la buscan. Se anticipa a darse a conocer a los que la anhelan. Quien madrugue para buscarla, no se fatigará, que a su puerta la encontrará sentada. Pensar en ella es la perfección de la prudencia, y quien por ella se desvele, pronto se verá sin cuidados. Pues ella misma va por todas partes buscando a los que son dignos de ella: se les muestra benévola en los caminos y les sale al encuentro en todos sus pensamientos”. (Sabiduría 6, 12-15)

“Por eso pedí y se me concedió la prudencia; supliqué y me vino el espíritu de Sabiduría”. (Sabiduría 7, 7), “La amé más que la salud y la hermosura y preferí tenerla a ella más que a la luz, porque la claridad que de ella nace no conoce noche”. (Sabiduría 7, 16)

2.    LAS PERSONAS TOLERANTES, SON PERSONAS DE DIOS

El objeto de este trabajo, es no solo reflexionar sobre la virtud de la tolerancia y el mal de la intolerancia, sino que además conocer sus fuentes, con el fin de ayudar a perfeccionarnos en nuestro caminar cristiano y poder tener un respaldo sobre cómo podemos formar jóvenes que no se dejen dominar por la intransigencia que tanto daño le hace al mundo.

Ser tolerante, es tener aguante, es ser paciente y misericordioso con los demás, también es la capacidad de aceptar con respeto que somos diferentes social y culturalmente, teniendo presente que Dios que está en los cielos nos considera a todos iguales (Cfr. Efesios 6, 9), por tanto, a mí me parece que las personas tolerantes, son personas de Dios, al contrario de los intolerantes, que son amigos de la intransigencia y la obcecación. También pienso sinceramente que el vivir sin Dios, o sin conocerlo, se manifiesta principalmente en la intolerancia, la falta de amor y caridad por el ser humano.

La intolerancia no ve las cosas con esa sabiduría que nos llega de Dios, al contrario de la tolerancia, que tiene un corazón que practica la bondad, la paciencia, la prudencia y reconoce en sus semejantes un hijo de Dios. Por tanto, ser tolerante es respetar a nuestros semejantes, es amar al prójimo, aunque las opiniones sean diferentes a las nuestras, y tener capacidad de comprender los errores y las limitaciones de los demás. Dice el Señor: “amar al prójimo como a si mismo vale más que todos las ofrendas y sacrificios” (Mc 12,31). Por otra parte, la tolerancia ayuda a que mejoren nuestras relaciones con nuestro prójimo. Por consiguiente, una persona tolerante, tiene una disposición especial para entender los sentimientos y emociones de los demás, es  capaz de escuchar con atención opiniones distintas y no impone a la fuerza sus propias opiniones.

3.    UN DIOS TOLERANTE, PACIENTE Y PONDERADO

“El Señor, es un  Dios misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad, que mantiene su amor por millares,  que perdona la iniquidad, la rebeldía y el pecado”,  (Éxodo 34, 6-7). En esta frase, llena de apreciaciones y evaluaciones del obrar divino, nos muestran un Dios tolerante, paciente y ponderado, así como rico en generosidad, en compasión y en tolerancia; tan rico que los gestos de su misericordia no se restringen ni siquiera al espacio por millares, es decir de mil generaciones, lo que se condice con ese verso que tantas veces se lee en las páginas sagradas: "Dad gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterno su amor”.  (Salmos 107, 1)

Nuestro Señor Jesucristo, nos hace un fuerte llamado a esa docilidad y humildad que se tiene con la tolerancia y la mansedumbre; “aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas”. (Mateo 11,29), es decir, si somos tolerantes y mansos, seremos también hombres con paz en nuestras almas. Y también, nos pide el Señor una actitud nueva frente a la odiosidad; “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan”  (Mateo 5, 44)

Nuestro Señor Jesucristo, nos presenta a un Dios que es Padre de todos, que “para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos”. (Mateo 5,45), y el mismo fue extremadamente acogedor y tolerante con los excluidos de su tiempo, pecadores, publicanos, prostitutas, leprosos y endemoniados.

Pero también las páginas sagradas de la Biblia, nos traen una seria advertencia en el sentido de no abusar de la paciencia de Dios y eso se hace amándolo intensamente, lo que propicia no olvidar sus preceptos, es así como él nos dice; “Tengo misericordia por millares con los que me aman y guardan mis mandamientos”. (Éxodo 20, 6)

4.    LA TOLERANCIA Y LA INTOLERANCIA EN LA RELIGION

Convivimos en un mundo, donde cada vez es más necesario compartir con hombres de diversas culturas y religiones y donde se hace necesario una vida pacífica y de gran concordia, para que se respeten los deberes y derechos de los hombres para desarrollar libremente la vida religiosa dentro de la sociedad, de ahí, la importancia de hacer una vida tolerante en lo religioso, tanto nosotros con los que practican otra fe, como de las otra religiones con nosotros mismos.

La “DECLARACIÓN DIGNITATIS HUMANAE SOBRE LA LIBERTAD RELIGIOSA” (C. Vaticano II), (10 y 11) expone que: “La libertad del acto de fe, es uno de los más importantes principios de la doctrina católica, contenido en la palabra de Dios y enseñado constantemente por los Padres, que el hombre, al creer, debe responder voluntariamente a Dios, y que, por tanto, nadie debe ser forzado a abrazar la fe contra su voluntad. Porque el acto de fe es voluntario por su propia naturaleza, ya que el hombre, redimido por Cristo Salvador y llamado por Jesucristo a la filiación adoptiva, no puede adherirse a Dios que se revela a sí mismo, a menos que, atraído por el Padre, rinda a Dios el obsequio racional y libre de la fe. Está por consiguiente en total acuerdo con la índole de la fe que quede excluido cualquier género de imposición por parte de los hombres en materia religiosa”. “Porque Dios tiene en cuenta la dignidad de la persona humana que El mismo ha creado, que debe regirse por su propia determinación y gozar de libertad.”

Por tanto, la tolerancia religiosa significa respetar y aceptar la existencia de otras formas de pensar en la fe, de otras creencias e ideas, así como la no creencia en ninguna religión.

Por el contrario, la intolerancia religiosa es una forma de intransigencia contra las creencias, contra las prácticas religiosas o contra la falta de creencia en Dios de otra persona y esta intolerancia, puede estar motivada porque tenemos diferentes creencias religiosas o por  un sentimiento antirreligioso o por  ideologías incrédulas. El cuidado que debemos tener de la intolerancia, es que esta promueve la falta de respeto en materia de religión. Los intolerantes, piensan que su religión es la única verdadera y las demás son falsas o tienen graves errores morales y los tolerantes, seguros de su fe, creen que los demás merecen respeto por sus creencias, siempre que no hagan daño al hombre en su naturaleza.

Los cristianos, debemos rechazar la persecución religiosa, porque esta constituye un caso extremo de intolerancia y porque además es fuente de maltrato, violencia, y promueve la agresión a hacia el prójimo o los grupos religiosos. En efecto, por la ausencia de tolerancia religiosa o la prohibición de la libertad de religión y pluralismo religioso, el mundo ha sido testigo de agresiones, apedreamientos, torturas, pena de prisión, ejecuciones injustificadas, destrucción de propiedades o incitamiento al odio y negación de los derechos fundamentales del hombre.

5.    “EL QUE ANDA POR EL CAMINO DE LA PERFECCIÓN SERÁ MI SERVIDOR”.  (Salmos 101,2).

La edad avanzada es adecuada para la comunicación de la sabiduría, de la tolerancia, del testimonio de fe, pero hay que haber hecho un camino sin engaño a Dios. Dice el sabio: “Sin dolo se ha de cumplir la Ley, y sabiduría en boca fiel es perfección. Hombre que ha corrido mundo sabe muchas cosas, el que tiene experiencia se expresa con inteligencia”. (Eclesiástico 34, 8)

Mi padre, vivió ochenta y siete años, fue un ejemplo maravilloso de vida y actitud para mí, al igual que mi abuelo y mi bisabuelo, ellos fueron educados siempre en la fe y manifestaron toda su vida haber recibido el don de la tolerancia y la prudencia, por ello siempre dieron gracias al Señor. Así fue, como el pensar muy bien lo que se dice y no decir todo lo que se piensa para no herir a alguien, era una actitud de vida. Mi Padre tenía un decir, “Para ser sabio, es necesario la sencillez de corazón”. Este es un lema que encabeza  del Libro de Sabiduría de la Biblia.

Pero en la vida normal, nos encontramos con un cierto tipo de persona, con la cual convivimos a diario, que manifiesta abiertamente su intolerancia y siempre se le ve frustrado. En efecto, a través de los años, he conocido muchas personas adultas que no pueden o no son capaces de aceptar o tolerar la más mínima idea o planteamiento que no sea parecido al suyo, les molesta además cualquier contratiempo o demora, se sienten pésimo si no se satisfacen sus deseos, y no tienen capacidad para soportar ninguna circunstancia desagradable. Entonces me imagino que no conocen o no practican el don de la tolerancia y viven inmersos en la frustración, sintiendo la peor sensación que puede existir en sus vidas. No obstante, no todos son así, ya que también hay muchas personas virtuosas y ejemplares que peinan canas y caminan con sus pies cansados, pero muy alegres de haber hecho una vida de mucha caridad con sus hermanos, a pesar de las mucha penurias e injusticias que nos trae la vida. “Porque bella cosa es tolerar penas, por consideración a Dios, cuando se sufre injustamente”.  (1 Pedro 2,19)

6.    ATENDER OPORTUNAMENTE A LOS NIÑOS, BUSCANDO LAS FUENTES DE LA INTOLERANCIA

Jesús, nos enseñó la preocupación por los niños. “Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. Más Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él. Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos. (Marcos 13-16)

Me parece que en necesario también buscar las fuentes de la intolerancia, porque esta viene en muchas ocasiones desde la niñez, ciertamente, no es la intolerancia racial o religiosa, no obstante es una manera recurrente de ser. Destaco que no me refiero a este tema como especialista, más bien como observador. En los niños, especialmente cuando son más pequeños, por su falta de madurez, parece ser más comprensible una cierta intolerancia, incluso a veces casi normal. En todo caso, es una cierta intolerancia que en la primera etapa de vida del niño, es motivada por sus necesidades fisiológicas que aún no son auto-controlables, entonces manifiestan su incomodidad como un llamado de atención a través del llanto o el quejido, así mismo les ocurre, cuando existe la necesidad de alimentarse, dormir, etc. Es así, como sabemos y sentimos que a esa edad es importante que los deseos de los niños se satisfagan rápidamente y al hacerlo comprobamos su alegría, y esto es porque les proporciona una sensación de seguridad y estabilidad, además como dicen los especialistas, atender oportunamente un niño a esta edad es importante para su desarrollo emocional.

En su etapa de crecimiento, los niños se van dando cuenta de que no siempre pueden tener sus deseos satisfechos de inmediato, y aprenden a resolver algunas cosas personales, como atender sus necesidades fisiológicas, también van aprendiendo como tolerar y aceptar cierta molestia y que la demora en atender sus deseos, es algo inevitable. Es decir, aprenden, en mayor o menor medida a tolerar la frustración, esto le enseña además adquirir un cierta autonomía y una mayor capacidad para manejarse, esto es hacen cosas por sí mismos, y les da satisfacción poder cumplir algunos de sus deseos, y no esperar que otros lo hagan por ellos. Así también, poco a poco conocen la capacidad de aprender, que hay ciertas limitaciones en ellos y en el ambiente que les rodea, se van adaptando y conociendo que en el hogar existen normas, hábitos, costumbres, formas y maneras de vivir y se van haciendo más sociables. Por tanto debemos estar atentos para corregir a los niños en esos instantes que quieren arman un escándalo, patalean, gritan, lloran, se tiran al suelo, como una demostración para exigir que sus deseos se satisfagan de inmediatamente. Es entonces, una responsabilidad de los adulto, tutelar y enseñar a los pequeños, a no ser intransigentes, a fin de que ya en la madurez, no transformen es obcecación en  intolerancia.

7.    AL HACERME HOMBRE, DEJÉ TODAS LAS COSAS DE Niños.

San Pablo, recuerda su niñez y el cambio que se experimenta cuando ya se es adulto: “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, razonaba como niño. Al hacerme hombre, dejé todas las cosas de niño.  (1 Corintio13, 11). San Pablo, nos trata de decir el cambio que se experimenta de la imperfección a la perfección, esto es a medida que vamos madurando en el conocimiento de Dios, también nos vamos haciendo más dóciles a EL.

Como padre de cinco hijos, abuelo de cuatro nietos y tío de muchos sobrinos, sensible observador de la actitud de los pequeños, siempre he pensado que este comportamiento de una relativa intolerancia resulta frecuente en los niños, pero también me doy cuenta que igual se da en mayor o menor medida en los adultos, quienes consideran que sus propias necesidades están por encima de cualquier otra cosa o persona, disposiciones, normas, leyes, formas de vida de la sociedad. No soportan que las cosas sean distintas a sus deseos, y que no resulten como ellos quieren, entonces se ahogan en su propia obstinación.

Situaciones que vemos a menudo en la vida cotidiana, la gente se irrita si se acabaron las entradas del cine justo cuando ellos llegaron, se ponen insoportables si perdió un partido su equipo favorito, sienten una gran frustración si organizó un paseo al campo y llovió, no les gusta que en la carretera les adelante un automóvil de menor calidad, se incomodan si un compañero de trabajo le dieron un ascenso, le da envidia si el vecino de al lado tiene un auto nuevo, y así, todo es inadmisible, todo es frustrante, todo es un inconveniente, y ven verdaderas catástrofes en muchas situaciones, al contrario de los que conocen la tolerancia, la prudencia, la paciencia, estos, conllevan las contrariedades con mucha naturalidad, tal vez igual en algunos casos se molestan, pero estos hechos no le perturban y ni los pone hostiles.

En efecto, la intolerancia, crea superlativos extremos en cada cosa que sucede, todo parece más desagradable, todo se mira desde un cristal que aumenta la situación que se está observando, no es malo, es pésimo, no es feo es horrible. Así este modo la vida de las personas está llena de insatisfacciones, tragedias, el mundo les parce injusto pues no satisface sus deseos, el mal humor pasa a ser un estilo de vida, se agitan, siempre están ansiosos, tristes, resentidos, humillados por las leyes porque no se hicieron para satisfacer todos sus deseos. “Se parecen a los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo: "Les hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, les hemos entonando lamentaciones, y no habéis llorado." (Lucas  7, 32)

Ciertamente, es preocupante encontrarse casi siempre con un tipo de persona, con ideas y sentimientos negativos, sin amor por los demás y entonces se les nota un cierto prejuicio, y mucha veces estos prejuicios llevan a una persona a actuar de un modo determinado respecto a un tipo de persona, como la discriminación, entonces culpan al otro por ser de otra raza, blanca, negra, judía, árabe, mapuche, asiático, caucásico, etc.

8.    VIVIR EN PAZ CON TODO EL MUNDO, AYUDADO DE LA TOLERANCIA Y LA PRUDENCIA

“En cambio, las almas de los justos están en las manos de Dios y no les alcanzará tormento alguno. (Sabiduría 3,1)

Pienso que las personas que son tolerantes, llevan una a vida más agradable, más fácil, se observan más tranquilos y por lo tanto con menos estrés, muestran una gran capacidad de convertir los problemas en soluciones y tienen más probabilidades de resolverlos, se ven optimista y en los fracasos rápidamente buscan nuevas oportunidades, frente a cualquier dificultad no reaccionan con tanta intensidad ni buscan escapar o huir de la realidad, siempre, aceptan con más facilidad el dolor, son solidarios con el sufrimiento, son capaces de entender la incomodidad, no dejan que cualquier situación les perturben excesivamente y como decía Teresa de Jesús, “Solo Dios basta”

Vemos y nos damos cuenta, que una de las características importante para aquellos que luchan por el liderazgo, aquellos que trabajan por metas a veces tan difíciles de cumplir, son constantes porque pueden tolerar la frustración y cuando la situación se pone cuesta arriba, difícil, solicitan la ayuda del Señor, y luego sabe responder adecuadamente en las situaciones difíciles, reflexionan un minuto, y ante los imprevistos, las interrupciones, los contratiempos, son abrazado por el Padre Divino, y son capaces de mantener la calma en estas situaciones, entonces les permite pensar con claridad y con un poquito de sabiduría, le es fácil encontrar las soluciones apropiadas, en vez de reclamar, quejarse, lamentarse, armar un escándalo, escapar de los problemas, en cierto modo reconocen que la fe les da más probabilidades de resolverlos situaciones difíciles, la esperanza lo pone optimista, y al dejar las cosas en las manos del Señor, y luego ver como las cosas salieron como se esperaba, les hace vivir con una paz interior, que limpia el corazón, la mente, elimina la basura y les deja espacio para almacenar mayor sabiduría. “¡Grande es el Señor, que en la paz de su siervo se complace!”   (Salmos 35,27)

9.    LA TOLERANCIA DEL CRISTIANO

La tolerancia del cristiano, debe ir por los caminos del respeto y la libertad y el bien del ser humano por encima de todo. El ejemplo que debe dar el cristiano al mundo, es no imponer por la fuerza un fe, y no ser intolerante con la forma de llevar la fe de otros hermanos en cristo, dice el Señor; “No se lo impidáis, pues el que no está contra vosotros, está por vosotros”  (Lucas 9, 50). Dios, respeta profundamente la libertad del hombre y sólo quiere atraerlo con la fuerza de su amor. El Concilio Vaticano II concluye también que el respeto por la dignidad de la persona debe llevar a aceptar que siga su propia conciencia, aunque sea errónea, aunque no busque la verdad ni se adhiera a ella: el ser humano está por encima: “la verdad no se impone sino en virtud de la misma verdad, la cual se difunde en las mentes suavemente, pero con vigor” (Dignitatis Humane, 1)

El mismo Jesús, en un exquisito dialogo con el hombre, se dirige a ellos sin ninguna presión y en la más absoluta tolerancia; “Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; luego ven, y sígueme” (Mateo 19, 21), “¿Quieres curarte?”  (Juan 5,6), “¿Qué quieres que te haga?” (Lucas 18, 45), es así, como se dirige a los hombres, con diálogos en paz, sin intransigencias, y cuando sus discípulos se la proponen, el mismo los aclara; “Al verlo sus discípulos Santiago y Juan, dijeron: “Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo y los consuma?” Pero volviéndose, les reprendió; y se fueron a otro pueblo”. (Lucas 9, 54-55). Así también, Jesús les pide que si en algún lugar no los reciben y no los escuchan, se marchen de allí sacudiendo el polvo de la planta de sus pies (Cfr. Marcos 6, 11), es decir con gestos simbólicos de desaprobación y de ninguna manera con una reacción violenta.

La dignidad del ser humano, procede de su condición de ser hijo de Dios, donde ha sido creado a su imagen y semejanza de Él, una dignidad que el ser humano no deja de tener, haga lo que haga, aun actuando erradamente. El hombre, no puede proponer nada que dañe al hombre, en nombre de Dios, porque él no desea la muerte del pecador, sino que se convierta y viva: “Yo no me complazco en la muerte del malvado, sino en que el malvado se convierta de su conducta y viva.  (Ezequiel (SBJ) 33, 11).

En síntesis, lo que me queda claro, es que el Señor no enseña que no hay motivos para justificar la intolerancia, todo lo contrario, él nos invita a llevar una relación con los hombres tolerante, con amor y respeto por la dignidad de nuestros semejantes, haciéndonos comprender que todos somos hijos de un mismo Padre, por tanto somos hermanos, y que es necesario alejarnos de la  indiferencia y el prejuicio, de la intransigencia y el sectarismo que divide y daña la convivencia y no nos permite avanzar hacia un sociedad más justa.


Fuentes y Bibliografía

Textos Bíblicos de la Biblia de Jerusalén

Dignitatis Humane, 10 y 11

 

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