Caminando con Jesús

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

Colaboración especial de Anita Luz Nunez Farias

COMENTARIOS SOBRE LOS SALMOS

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Salmo 1

Salmo 2

Salmo 3

Salmo 4

Salmo 5

Salmo 6

Salmo 7

Salmo 8

Salmo 11 (10)

Salmo 12 (11)

Salmo 13 (12)

Salmo 16 (15)

Salmo 17 (16)

Salmo 18 (17)

Salmo 19 (18)

Salmo 20 (19)

Salmo 21 (20)

Salmo 22 (21)

Salmo 23 (22)

Salmo 24 (23)

Salmo 26 (25)

Salmo 27 (26)

Salmo 28 (27)

Salmo 29 (28)

Salmo 30 (29)

Salmo 31 (30)

Salmo 32 (31)

Salmo 33 (32)

Salmo 35 (34)

Salmo 36 (35)

Salmo 38 (37)

Salmo 39 (38)

Salmo 40 (39)

Salmo 41 (40)

Salmo 42 (41)

Salmo 43 (42)

Salmo 44 (43)

Salmo 45 (44)

Salmo 46 (45)

Salmo 48 (47)

Salmo 49 (48)

Salmo 50 (49)

Salmo 51 (50)

Salmo 52 (51)

Salmo 55 (54)

Salmo 56 (55)

Salmo 57 (56)

Salmo 58 (57)

Salmo 59 (58)

Salmo 60 (59)

Salmo 61 (60)

Salmo 62 (61)

Salmo 63 (62)

Salmo 64 (63)

Salmo 65 (64)

Salmo 66 (65)

Salmo 67 (66)

Salmo 68 (67)

Salmo 69 (68)

Salmo 70 (69)

Salmo 71 (70)

Salmo 72 (71)

Salmo 73 (72)

Salmo 74 (73)

Salmo 75 (74)

 

Salmo 76 (75)

Salmo 77 (76)

Salmo 78 (77)

Salmo 79 (78)

Salmo 80 (79)

Salmo 85 (84)

Salmo 88 (87)

Salmo 89 (88)

Salmo 90 (89)

Salmo 91 (90)

Salmo 92 (91)

Salmo 93 (92)

Salmo 94 (93)

Salmo 95 (94)

Salmo 96 (95)

Salmo 97 (96)

Salmo 98 (97)

Salmo 100 (99)

Salmo 101 (100)

Salmo 102 (101)

Salmo 103 (102)

Salmo 104 (103)

Salmo 105 (104)

Salmo 106 (105)

Salmo 107 (106)

Salmo 108 (107)

Salmo 109 (108)

Salmo 110 (109)

Salmo 113 (112)

Salmo 114 (113a)

Salmo 115 ( 113b )

Salmo 116 (114-115)

Salmo 117 (116)

Salmo 118 (117)

Salmo 120 (119)

Salmo 121 (120)

Salmo 122 (121)

Salmo 123 (122)

Salmo 124 (123)

Salmo 125 (124)

Salmo 126 (125)

Salmo 127 (126)

Salmo 128 (127)

Salmo 129 (128)

Salmo 130 (129)

Salmo 131 (130)

Salmo 132 (131)

Salmo 133 (132)

Salmo 134 (133)

Salmo 135 (134)

Salmo 136 (135)

Salmo 137 (136)

Salmo 138 (137)

Salmo 139 (138)

Salmo 140 (139)

Salmo 141 (140)

Salmo 142 (141)

Salmo 143 (142)

Salmo 144 (143)

Salmo 146 (145)

Salmo 147(146-147)

Salmo 148

Salmo 149

Salmo 150

 

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Salmo 1

 

El Salterio comienza con esta “Bienaventuranza”, que es como el prólogo de todo el Libro. La exclamación inicial  –“¡Feliz el hombre...!”–; se explicita a lo largo del Salmo mediante la contraposición de dos imágenes poéticas: el árbol desbordante de vitalidad simboliza la felicidad de los justos; la paja arrastrada por el viento representa la ruina final de los impíos. Así se expresa uno de los temas centrales del Salterio y de toda la Biblia: la conducta de cada hombre está sometida al Juicio de Dios, y el mundo está gobernado por la justicia divina.

 

Salmo 2

 

Este Salmo “real” perteneció originariamente al ritual de la entronización de los reyes davídicos. Con gran fuerza poética y en progresión dramática, el salmista presenta cuatro escenas sucesivas: a) la inútil rebelión de los reyes vasallos (vs. 1-3); b) la reacción del Señor frente a los rebeldes (vs. 4-6); c) la declaración del nuevo rey, el “Ungido” del Señor (vs. 7-9); d) el llamado a la reconciliación, con una amenaza a los rebeldes (vs. 10-12).

En el transcurso del tiempo, este Salmo se fue enriqueciendo con motivos mesiánicos, y los primeros cristianos lo “releyeron” como un anuncio de la entronización celestial de Cristo en el momento de su Resurrección y como una proclamación profética de su filiación divina (v. 7).

 

Salmo 3

 

Rodeado de enemigos que tratan de quitarle la confianza en Dios (v. 3), el salmista se pone totalmente bajo la protección divina. Su confianza se funda en el recuerdo de la ayuda que recibió del Señor en circunstancias similares (vs. 4-5, 8). La “multitud innumerable” mencionada en el v. 7 (literalmente, “un ejército de diez mil”), podría indicar que este Salmo fue inicialmente la súplica de un rey o de un jefe militar, y que sólo más tarde comenzó a ser recitado por el común de los fieles.

La tradición cristiana, apoyándose en el v. 6, ha utilizado este Salmo como oración de la mañana.

 

Salmo 4

 

La experiencia personal de los favores recibidos (v. 2b) ha suscitado en el salmista una inalterable confianza en Dios, que hace “maravillas” por sus amigos (v. 4). Esta actitud confiada -única fuente de paz y alegría verdaderas (vs. 8-9)- le permite apelar a la ayuda divina en la dificultad presente, y dirigir una severa exhortación a los que dudan de Dios y se apartan de él en el momento de la adversidad (vs. 3-7).

La Iglesia, fundándose en el v. 9, utiliza este Salmo como oración de la noche.

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Salmo 5

 

A la hora en que se ofrece el sacrificio matutino (Éx. 29. 38-40), un fiel israelita expone su caso al Señor (v. 4), apelando a la justicia de Dios (v. 9). El hecho de encontrarse en el Santuario (v. 8) es para él una prueba de su inocencia, porque ningún impío podría gozar de ese privilegio (vs. 5-6). Para hacer más apremiante su oración, el salmista menciona a sus enemigos, que lo acusan calumniosamente (vs. 9-11). El Salmo concluye con una expresión de confianza en el Señor, que bendice a los justos y los protege como un escudo (vs. 12-13).

 

El v. 4 ha dado pie a que se usara este Salmo como oración de la mañana.

 

Salmo 6

 

Agobiado por sus sufrimientos, un enfermo pide al Señor que lo perdone y le devuelva la salud (vs. 2-3), exponiendo los males que lo afligen (vs 4, 7-8) y los motivos que tiene para implorar la ayuda divina (vs. 5-6).

Las expresiones e imágenes empleadas en este Salmo se vuelven a encontrar en un grupo de Salmos denominados “Oraciones de los enfermos”, (Sal. 38; 41; 88; 102. 2-12). Estas oraciones podían ser utilizadas en cualquier caso de enfermedad. Los enfermos las recitaban personalmente en el Templo, y si estaban impedidos, lo hacían por medio de un representante. A cada uno le correspondía poner su acento particular en la recitación de la súplica.

La tradición cristiana ha hecho de este Salmo uno de los siete llamados “penitenciales” (Sal. 32; 38; 51; 102; 130; 143).

 

Salmo 7

 

Mediante una declaración que equivale a un juramento (vs. 4-6), una persona acusada y perseguida se confiesa inocente delante del Señor y le ruega que lo libre de sus perseguidores (vs. 9-10).

El motivo de la acusación está descrito con bastante vaguedad, y ningún detalle permite identificar con exactitud a los perseguidores. Estos hechos parecen indicar que el Salmo fue compuesto originariamente para el rito a que se hace alusión en 1 Rey. 8. 31-32: cuando un inocente era amenazado de muerte y perseguido, podía refugiarse en el Templo y someter su caso a la justicia de Dios. Con este fin, recitaba la fórmula contenida en este Salmo o alguna otra similar (Sal. 17; 26). Al declarar su inocencia, no afirmaba estar libre de todo pecado, sino solamente del crimen que se le imputaba.

 

Salmo 8

 

La alabanza contenida en este célebre himno expresa la intuición poético-religiosa del salmista, que contempla con ojos asombrados la obra de Dios en la creación. Su pensamiento se concentra en el hombre, realidad casi insignificante en comparación con la majestad del cielo, y objeto, al mismo tiempo, de una inexplicable solicitud por parte del Creador (v. 5). Ningún otro de los seres creados recibió una dignidad semejante a la de él (v. 6), y todas las cosas están sometidas a su dominio (vs. 7-9). Estas mismas ideas se vuelven a encontrar en el relato “sacerdotal” de la creación (Gn. 1. 26-28), que es, sin duda, posterior a este Salmo.

 

Salmo 11 (10)

 

Ante una grave amenaza de muerte, cuando la prudencia humana haría razonable la huida, el salmista responde a sus amigos con una expresión de absoluta confianza en Dios. Al lirismo de los versos iniciales (vs. 1-3) se añade una reflexión de tono sapiencial (vs. 4-7). En ella se afirma que los acontecimientos humanos están regidos por la Providencia de Dios, y que a pesar del momentáneo triunfo de los malvados, al final, triunfará la justicia.

 

Salmo 12 (11)

 

Este Salmo es una súplica, en la que el autor, con una visión pesimista del mundo, pide al Señor que intervenga para poner fin a los males que lo afligen. El Señor responde a esta petición con un oráculo, que contiene una promesa de salvación para los oprimidos (v. 6). Como es habitual en los Salmos de súplica, los versículos finales (8-9) son una expresión de confianza en el Señor.

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Salmo 13 (12)

 

Los dramáticos “¿hasta cuándo?” de los versículos iniciales (2-3) confieren a esta súplica una intensidad particular. La reiteración de la pregunta expresa elocuentemente la impaciencia del salmista, al sentirse abandonado de Dios; pero, al mismo tiempo, es un signo de la íntima familiaridad con que implora la protección divina.

El Salmo no es muy explícito en describir la aflicción que da motivo a la súplica. Sin embargo, el v. 4 parece indicar que se trata de una enfermedad grave, que pone al paciente en peligro de muerte. Como en el Salmo anterior, la súplica concluye con una expresión de confianza, que dará lugar a la alegría y a la acción de gracias, cuando el Señor responda favorablemente (v. 6).

 

Salmo 14 (13)

 

La primera parte de este Salmo describe con un tono marcadamente pesimista, semejante al del Salmo 12, los  pecados que corrompen a la sociedad. El principal de todos esos pecados es la negación de Dios, que el salmista condena como la mayor insensatez (vs. 1-3). La segunda parte contiene una invectiva contra los opresores de los pobres, porque no quieren caer en la cuenta del castigo que el Señor les tiene reservado (vs. 4-6). El versículo final fue añadido para el uso litúrgico del Salmo, y expresa el deseo de que el Señor envíe tiempos mejores a su Pueblo.

Este mismo Salmo, con algunas variantes (vs. 5-6), se vuelve a encontrar en el segundo libro del Salterio (Sal. 53).

Salmo 15 (14)

 

En este breve y hermoso Salmo se establecen las condiciones necesarias para ser “huésped” del Señor, es decir, para entrar en el Santuario y participar del culto divino (v. 1). Entre las condiciones exigidas, no se menciona ningún rito exterior, sino que todas tienen un carácter exclusivamente moral. Esto pone en evidencia que el verdadero culto es inseparable de la justicia y del amor hacia el prójimo (vs. 2-5).

 

Salmo 16 (15)

 

La confianza y el gozo profundo que brotan de la intimidad con Dios, son los sentimientos predominantes en este Salmo. Los vs. 5-6 permiten suponer que su autor es un levita – es decir, una persona consagrada al culto de Dios en el Templo de Jerusalén– que se encuentra en un grave peligro y acude al Señor, fuente de vida (v. 11), para que lo libre de la muerte (v. 10).

El Nuevo Testamento asigna a este Salmo un sentido mesiánico, citándolo como un anuncio anticipado de la Resurrección de Cristo (vs. 8-11).

 

Salmo 17 (16)

 

La situación en que se recitaba este Salmo es idéntica a la que se describe a propósito del Salmo 7: un inocente –acusado y perseguido injustamente– expone su caso al Señor en demanda de justicia. La súplica se alterna con las declaraciones de inocencia (vs. 3-5) y con una descripción de la maldad de sus perseguidores (vs. 10-12). En el versículo final, el salmista manifiesta su certeza de que alcanzará el favor divino.

 

Salmo 18 (17)