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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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Santa Teresa de Los Andes |
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INDICE |
SANTA TERESA DE JESUS "DE LOS ANDES" ASI ERA TERESITA, ASI PENSABA Epoca muy valiosa y decisiva para
el futuro humano y espiritual de Juanita es la que corre de Juanita, que gusta de repetir que si se es monja no hay
que serlo a medias, no quiere ser cristiana sólo de nombre. Y fiel a su
compromiso con Cristo, cumple con tenacidad el programa de vida que se ha
trazado. De ahí su empeño en superarse en el cumplimiento concienzudo del
deber y la serena aceptación de las pruebas que le van llegando, que fueron
incontables en su vida. Porque sabía muy bien que en ello consiste el
sacrificio más agradable a Dios y la cruz más santificadora; pues, al no
elegirla nosotros, la llevamos solo por amor, sin peligro de buscar nuestra
satisfacción. Quiere ante todo ser fiel a su empeño de recogerse a
solas con Jesús para intimar con El. Por eso madruga buscando el silencio y
la soledad. Y hace lo imposible por comulgar a diario. Está
"chiflada" por Jesús-Hostia. Tiene verdadera hambre de El. Ha comprobado
que le da ánimo; que lo necesita. Que Jesús es su vida y que sin Él
desfallece y muere. Así trata de alcanzar la meta que se ha propuesto: vivir
identificándose con Cristo, para que cuando el Padre la contemple, reconozca
en ella una copia de su Hijo. ¡Qué feliz soy! He sido cautivada en las redes del Divino
Pescador. Soy su prometida y muy luego celebraremos nuestros desposorios en
el Carmen. El 8 de Diciembre me comprometí. Mi pensamiento no se
ocupa sino de Él. Es mi ideal; es un ideal infinito. (Año 1916). ¡Oh, soy feliz! Pues puedo decir con verdad, que el único
amor de mi corazón ha sido Él. Jesús mío, he visto que sólo una cosa es necesaria:
amarte y servirte con fidelidad; Parecerme y asemejarme en todo a Ti. En eso
consistirá toda mi ambición. Jesús me pide que sea santa. Que haga con perfección mi
deber. Que el deber es la cruz. ¿Encontrará el Padre la figura de Cristo en
mí? ¡Cuánto me falta para parecerme a Él! Mi espejo ha de ser María. Puesto que yo soy su hija,
debo parecerme a Ella y así me pareceré a Jesús. ES TAN RICO DAR El trato familiar con Cristo -"el Hombre para los
demás"- le ha hecho comprender que el cristiano no puede ser
individualista. De ahí su constante empeño por matar su egoísmo para vivir
abierta a las necesidades de los demás, y desvivirse por remediarlas en
cuanto puede. Una de sus resoluciones es sacrificarse por los demás
para hacerlos felices. Y trata de llevarla a la práctica con naturalidad; sin
que sospechen que le cuesta sacrificio complacerles y dar gusto a todos. No se contenta con gozar ella sola de la felicidad de
servir a Dios. Lleva el alma desgarrada porque sabe que hay muchísimos
alejados de Él. Vive ofreciendo su vida y mil sacrificios para que le
conozcan y le amen. Y no descansa hasta entrar en el convento, para convertirse
en hostia que se inmole escondidamente toda la vida para que la humanidad
mejore. No está hecha para gozar ella sola. Aun durante sus
vacaciones -tiempo de paseos y sanas distracciones – vive disponible en
actitud de servicio. Sus preferidos son los pobres, sobre todo los niños.
"Es tan rico dar", dice. Y ella da y se da. Reparte sus ahorros
para aliviarlos. Cose ropa para los necesitados. En una ocasión rifó su reloj
para obtener fondos con que comprar zapatos a un niño a quien protege
habitualmente. Visita las casas de los inquilinos, quienes le confían sus
problemas; y ella les ayuda en sus necesidades espirituales y materiales.
Reúne a los niños para enseñarles catecismo. Y cuando se da cuenta de que la
instrucción que reciben en la escuela es nula o deficiente, les da clase
diariamente. Excelente catequista, colabora con entusiasmo en las misiones
con los sacerdotes. Las empleadas de su casa reciben de ella en todo momento
ayuda, estímulo, atenciones y muestras de cariño y afecto. Tengo pena. Me sangra el corazón. Mil vidas, si yo
pudiera, ofrecería por Él. Todos los sufrimientos, Dios mio,
enviadme y dadme gracias para soportarlos, con tal que él se convirtiera. Junté treinta pesos para mi día. Voy a comprarle zapatos
a Juanito y lo demás para dárselo a los pobres. Es tan rico dar. Nosotras hacíamos catecismo. Se juntaban más de cincuenta
chiquillos. Y después de las misiones hemos seguido haciéndoles clase todos
los días, pues parece que poco o nada les enseñan en la escuela fiscal. María, eres ALEGRE Y BROMISTA Juanita lleva una vida interior rica y profunda. Trata
con Jesús de corazón a corazón. Se ha entregado a Él sin reservas. Pero su
equilibrio sociológico le hace llevar una vida normal, como la de cualquier
joven de su tiempo. Todo lo que sea distinguirse le repugna. Evita
cuidadosamente merecer el título de beata. Se gloría de que es feliz y lo
pasa bien allí donde le toca vivir. De que no es como otras chiquillas que en
todas partes se "latean". Le gusta querer de verdad. Por eso tiene
tantas y tan buenas amigas. Y sus educadoras la admiran y aprecian
sinceramente. En todas partes la quieren. Es alegre, comunicativa, bromista. Contagia a todos su
sana alegría. Es maestra en el manejo de la broma y de la ironía. En sus
cartas abundan episodios divertidísimos de ataques de risa. La sencillez,
familiaridad y alegría de las carmelitas le encantó, incluyendo poderosamente
en su resolución de ingresar en el Carmelo. En la intimidad de su familia es amable, dulce, cariñosa.
La "joya de la casa", como dirá su hermano Luis. El viaje resultó divertidísimo. Gozamos, pues embromamos
desde que salimos. También nos acordamos de Uds., pero nada más que para
"pelarlas". No hacemos otra cosa que embromar. Apróntate. En la mesa nosotras
estamos las últimas con Pepe. Era tanto lo que disparateábamos y nos reíamos,
que a veces no podía comer. Pero lo más trágico era que el Padre que rezaba
después de la comida, en la mitad del rezo, no podía continuarlo por la risa,
pues lo contagiábamos. Saqué como resolución vivir muy alegre exteriormente. Donde me llevan soy feliz….Vivir siempre muy alegres.
Dios es alegría infinita. LE ENCANTA EL DEPORTE Todo lo que sea el deporte le fascina. Es estupenda equitadora. Desde niñita, su abuelo le había enseñado a
montar a caballo. Y no hay nada que le guste más que cabalgar. Le divierten
los largos paseos a caballo por cerros y quebradas. Se lanza decidida por
cualquier parte desafiando peligros. Envidia a los jóvenes que van por varios
días a la cordillera. También le encanta el tenis y manejar la
"cabrita". Pero descuella sobre todo como nadadora. Como es alta y
bien proporcionada, tiene excelentes cualidades para la natación. Bate el
récord de rapidez y resistencia entre sus familiares, resultando
indiscutiblemente vencedora en cuantas competencias organizan. Se extasía a la vista de los paisajes pintorescos, que
retrata después con precisión y colorido en sus cartas. El mar y las bellezas
de la naturaleza le hacen sentir sed de lo infinito. Estudia música y canto. Y las veces que asiste al teatro
a alguna ópera, sabe apreciar la voz y el desempeño de los actores. He salido mucho a caballo y estoy encantada con subir y
bajar cerros. Aquí están admirados porque no me canso, y me dicen que soy una
verdadera amazona. No dejaría de ser una vergüenza si no lo fuera. Nos ha bajado furor por el tenis. Estoy aprendiendo. Me
encanta. No hemos hecho ningún paseo grande, pues los chiquillos
se van a la cordillera por seis días. Te aseguro que los envidio con toda el
alma. Me siento llena de Dios. No hay separación entre
nosotros. Donde yo vaya, El está conmigo, dentro de mí. Vivo con Él. Y a
pesar de estar en los paseos, ambos conversamos sin que nadie nos sorprenda
ni pueda interrumpirnos. La voluntad de Dios es un alimento espiritual que
fortifica el alma que se entrega a El gustosa. DIVINA Y HUMANA Lo más sorprendente es la naturaleza con que armoniza el
trato con Dios con el de los hombres. Se abisma y queda absorta en la
contemplación de las perfecciones de Dios y de las finezas de su amor, sin
dejar de mostrarse después alegre, amable y comunicativa con sus semejantes. Cada día siente necesidad más apremiante de orar. Y aún
cuando las ocupaciones o la atención de los demás le impiden recogerse a
dialogar con Jesús, sabe y dice que toda su vida es una oración continuada,
una alabanza ininterrumpida a Dios; porque todo lo hace por su amor y sin
salirse un punto de su divina voluntad. En los lugares de esparcimiento goza
con la idea de que, allí donde tantos lo olvidan, al menos ella lo adora y
ama. ¡Que páginas tan deliciosas escribió sobre su intimidad con Dios! Su oración es sencilla, sin complicaciones. Una íntima y
familiar conversación con Jesús. Se figura que está a sus pies escuchándolo.
Y trata con Él sobre lo que hacer a evitar para serle más agradable. Verdaderamente pasma su equilibrio, la armoniosa síntesis
que ha logrado integrando lo divino y lo humano tan perfectamente. Sorprende
verla tan normal, tan complaciente, alegre y bromista incluso en los meses en
que su cuerpo esta aquejado por fatigas y molestias, y su espíritu viene
sufriendo la purificación más angustiosa- dudas, sequedades, abandono y
agonía interior con que el amor acrisoló su alma los dos últimos años de su
vida. Ayer salí para siempre del colegio. Desde ahora,
papacito, quiero que Ud. cuente para todo conmigo.
No tengo otro deseo que darle gusto en todo, acompañarlo y consolarlo. Pienso
correr con la casa, tratando de hacerlo lo mejor posible. Véngase luego, papacito, para pasar siquiera dos días con
Ud., ya que nosotras lo aprovechamos tan poco
cuando Ud. viene por estar internas. AMOR SIN CARICIAS Juanita es profundamente afectiva. Llora a mares cada vez
que se despide de los suyos para ir al internado. Es de temperamento tan
afectuoso y regalón, que de jovencita se pregunta cómo las monjas pueden ser
felices sin recibir muestras externas de cariño, y cree imposible enamorarse
de un Dios a quien no se ve ni se puede acariciar. Pero se ha entregado al
Amor. Y ha comprobado que Dios resarce plenamente; que da muestras palpables
– aunque invisibles – de su amor infinito. Examina, pues, su corazón y se convence de que sus
aspiraciones de amor son tales, que ningún ser humano podrá colmarlas
enteramente; porque será necesariamente limitado, interesado, sujeto a
flaquezas. Que únicamente Jesús es capaz no solo de perfeccionarla, sino de
divinizarla. Y que por lo tanto, sólo Él podrá enamorarla. Y opta por Él. Y
decididamente. Y escoge el convento de las Carmelitas de los Andes para
realizar su ideal de ser toda de Jesús. Esta convencida de que encontrará
muchos obstáculos para lograr su intento. Pero confía en que, con Jesús,
atravesará el fuego, si es preciso, para conseguirlo. No es que Juanita no aprecie el matrimonio. Sabe que la
vida del hogar es muy sacrificada y fecunda. Que hacen falta cristianos que
la vivan generosamente para colaborar en la transformación del mundo. Pero
ella no se siente llamada sino a fundirse con Jesús en el amor, como
prisionera voluntaria suya en una clausura. No es una ilusa, sabe que el amor es exigente. Que si se
va al Carmen, es para inmolarse con Cristo por la humanidad. Que en su pieza
tendrá una cruz de madera sin Cristo. Que es esa la cruz donde ella debe
morir a su egoísmo, a todo lo que le impida repetir: "Yo no soy la que
vivo, sino Jesus". Pero el sufrimiento no le es desconocido. ¿Qué importa
sufrir cuando se ama?, dice. El amor es cielo. Y ella, perdidamente enamorada
de Cristo, cifra su ideal en sufrir, amar y orar por Los corazones de los hombres aman un día y al otro son
indiferentes. Solo Dios no cambia. He visto que la felicidad en el mundo no existe. Siempre
su trato me deja un vacío que lo llena por completo nuestro Señor. ¡Qué impresión me produjo cuando vi
mi conventito! Su pobreza habla muy bien a su favor. Apenas lo vi me encantó y me sedujo. Sé que si voy al Carmen será
para sufrir. Mas el sufrimiento no me es desconocido. En él encuentro mi
alegría, pues en la cruz se encuentra Jesús, y Él es Amor. Y ¿qué importa
sufrir cuando se ama? No temas, hermanita querida. No existirá jamas separación entre nuestras almas. Yo viviré en Él.
Busca a Jesús y en Él me encontraras y allí los tres seguiremos los coloquios
íntimos que hemos de continuar allá en la eternidad (carta a su hermana
Rebeca) Solo me restan 20 días. Y después el Calvario, el
cielo………Ya estoy subiendo su cima. El dolor de la separación es tan intenso,
que no hay palabras para expresarlo. Solo Dios me sostiene. Jesús no quiere que exista nada entre El y yo.
Manifestándose a mi alma la ha enamorado en tal forma que sólo en Él puedo
encontrar reposo. EL COLMO DE El 7 de Mayo de 1919 ingresó Juanita en las Carmelitas
Descalzas de Los Andes, separándose para siempre de los suyos. Así culminó el
gran sacrificio que la trajo desgarrada los últimos meses, y que sólo por
amor a Cristo pudo consumar. Un mes antes escribía: "Estoy en el colmo
de la dicha y del dolor". Contrastes y paradojas que sólo el locamente
enamorado puede entender. Dolor intensísimo por alejarse de los suyos a
quienes ama y que nunca hubiera abandonado por un hombre. Lucha contra su
propia naturaleza – sobre todo desde que solicita el permiso paterno -, que
se convierte en agonía, en martirio cruel, según va acercándose el día de
subir definitivamente al Calvario de la terrible despedida. Y por otra parte, dicha felicidad, por ver realizado el
ideal de su vida; por dejar todo lo que tiene a cambio de Nuestro Señor.
Dicha inefable, porque el amante goza en demostrar el amor en lances
difíciles y comprometedores. Y porque Jesús no se deja ganar en generosidad,
cuando Juanita se arranco de los brazos de su madre, le abrió los suyos
dulcemente, confortándola y fortaleciéndola con su gracia. El fin de las carmelitas me entusiasma: santificarse a sí
misma para que la savia divina se comunique, por la unión que existe entre
los fieles, a todos los miembros de Por Jesús he preferido ser pobre y trabajar. Ya que Él
por mi amor se hizo pobre, yo por amor a Él quiero serlo. La ternura de mi corazón de hija crece cada día, mi
papacito, y no creo que en el Carmen se extingue, antes al contrario, toma
mayores proporciones, porque se ama sin interés y en Dios. ORANDO, TRABAJANDO Y RIÉNDONOS Claustro las religiosas quedan prendadas de su nueva
hermana y de sus sobresalientes cualidades. Y el 14 de octubre la visten con
el hábito de En el convento, fiel a su consigna de santificarse por
los demás, continúa buscando para si lo más trabajoso y molesto para aliviar
a sus hermanas. Las ama de corazón. Ahora es ella la que, con su trato fino y
exquisito, contribuye a que siga reinando en la comunidad la alegría, la
hermandad y sencillez, que antes de entrar le habían seducido. Se siente cada
día más feliz. En la antesala del cielo. Porque pasa horas a los pies del
sagrario y en su celda con Jesús, que es su gozo infinito. Con Dios que es
alegría infinita. Y luego, en los recreos, se ríe y embroma todo el tiempo,
sin que falten los cantos con guitarras y bandurrias los días señalados. Así
pasamos la vida – escribió -: orando, trabajando y riéndonos. Enamorada de Cristo, de Así vive la prisionera voluntaria de Jesús. Siente ansias
de martirio. Le fascinaría dar su vida por El. Pero pisa tierra y sabe que su
martirio está en donde vive. En eliminar su egoísmo a cada instante. En
aceptar los sufrimientos interiores que la purifican. En cumplir con alegría
el fin de la carmelita: rogar, vivir inmolándose ocultamente por los pecadores,
por la santificación de los sacerdotes y por Todo es alegría y sencillez en el Carmen. Y cada una se
esmera en poner de su parte cuanto pueda para alegrar a sus hermanas. Si supieras la felicidad que inunda mi alma en cada
instante escondida en Dios! Me parece que principie
a vivir sólo el 7 de Mayo. Te aseguro que todos los sacrificios hechos me
parecen nada. Vivimos riéndonos y amando. No te imaginas la alegría, la
confianza y la sencillez que reina. Me encuentro en mi centro. Mi celda es bien pobrecita, pero en ella me paso con
Nuestro Señor en intima conversación de corazón a corazón. Que cosa más rica es para el alma que ama pasar la vida
junto al Sagrario! Después que comulgo me siento en
el cielo, y dominada por el amor infinito de Dios. AL ABRAZO DEL PADRE Crucificción Todavía no hace el año que
Jesús la ha "robado", y ya su alma, acrisolada y purificada la
máximo por el amor, está madura. Ella escribió por entonces: "Soy la
persona más dichosa. No deseo nada, porque mi ser entero está saciado en Dios
– Amor". Durnate la cuaresma de 1920, Teresa
debió sentirse muy enferma; pero no dio importancia a su mal, Llegó así hasta
el viernes santo, hasta que su maestra la notó afiebrada. Era tarde. El mal –
un violento tifus – había minado ya su frágil organismo. Durante su
enfermedad, se pudo comprobar su aquilatada virtud. Jamás molestó por nada.
Siempre estaba bien. Sólo se sabía de sus dolores y malestar cuando era
interrogada por los médicos. La comunidad hizo lo humanamente posible por
devolverle la salud. Pero inútilmente. El fruto – ella misma lo dijo – estaba
ya maduro. El 12 de abril de Para una carmelita la muerte no tiene nada de espantable.
Va a vivir la vida verdadera. Va a caer en brazos del que amo aquí en la
tierra sobre todas las cosas. Se va a sumergir eternamente en el amor. PRONTO OBRA MILAGROS La comunidad de Los Andes y los familiares de Sor Teresa
recibieron muchas cartas no de pésame, sino de felicitación por tener una
santa en el cielo. Los periódicos de Santiago – cosa insólita para una
carmelita de clausura – publicaron su muerte, exaltando la heroicidad de sus
virtudes. A los pocos días de su muerte, el P. Julián Cea, que la había conocido en febrero de 1919 en unas
misiones, escribió: "Su santidad tenía la propiedad de ser atrayente, amable,
comunicativa. No sé que respeto y veneración infundía su persona. Y al mismo
tiempo se sentía por ella un santo cariño, como el que creo se tendrá a un
ángel si lo viéramos con los ojos de cuerpo. ¡Qué sonrisa angelical
acompañaba siempre su conversación! No era esquiva, sino confiada. Y su alma,
inocente y pura como un niño. ¡Con que pasión amaba a Jesús! Pocos días tuve
la dicha de tratarla, paro la impresión que me causó su santidad no se
borrará jamás. Le rezo todos los días como a una santa que está en el cielo,
Yo confío en que pronto comenzará a obrar milagros, y su conducta angelical
influirá no poco en la conducta de muchas jóvenes". Pronto los fieles comenzaron a ponerla por intercesora
ante el Señor. Y en los muchos años que nos separan de su muerte, el Señor a
dado pruebas de su deseo de glorificar a su sierva, otorgando por sus ruegos
infinidad de gracias, sobre todo espirituales: conversiones, vuelta al camino
del bien. Son incontables los fieles, incluso de las más apartadas
regiones del país y del extranjero, que acuden cada día a la tumba de
Teresita, sobre todo desde que sus restos reposan en la cripta del Santuario
erigido en su honor en Rinconada de Los Andes. Jesucristo, ese loco de amor, me ha vuelto loca. Es
martirio el que padezco al ver que corazones agradecidos a las criaturas no
lo sean con aquel que los sustenta, que les da la vida y los sostiene; que
les da y ha dado todo, hasta darse el mismo. MENSAJE A Teresa tiene mucho que decirnos a todos. Su mensaje a la
juventud es de innegable actualidad. De los jóvenes que la trataron y rondaron, no le
convenció ninguno. Son muy superficiales, dijo. Hoy buena parte de la juventud es sana, consciente,
responsable. Sabe a dónde va y está bien enrutada.
Pero hay otros muchos que hablan estupendamente. Da gusto escucharles. Se les
ve ilusionados por ser auténticos, por realizarse
plenamente, por cultivar los valores humanos y por construir un mundo nuevo
más humano y más unido. Señalan muy bien la meta. Dicen querer alcanzarla.
Pero no les gusta el camino que conduce a ella. Y muchos se apartan de él. Y
ésta es la misión de Teresa: señalar la ruta a la juventud de hoy; recordarle
que él único camino que conduce a la plena realización humana es el esfuerzo,
la autodisciplina, el control de sí mismo . El mensaje es de innegable actualidad cuando tanta
juventud se muestra alérgica a toda norma y proclama como única regla valida
su propio capricho, su talante, el me gusta, no me gusta, me nace, no me
nace. No hay pedagogo ni formador serio que apruebe tal actitud. Al
contrario, todos ellos, a cuantos aspiran a formar su carácter y
personalidad, les exigen borran de su vocabulario esas palabras – me gusta,
no me gusta- sustituyéndolas por debo o no debo. Y actuar en consecuencia. Y la
experiencia les da la razón. Sin autodisciplina, sin control de si mismo no
se forja el hombre. "Jamás me dejaré llevar por el sentimiento y por el
corazón, sino por la razón y mi conciencia". "Todavía soy muy
orgullosa. Me propondré abatir hasta los últimos gérmenes del amor
propio", escribió Santa Teresa. Aquí está el remedio. Mal le hubiera ido a Teresa de no
haber puesto en práctica esta resolución, dado su gran fondo de orgullo y su
tendencia a obrar independientemente y con altivez. Ella nos habla de las
"rabietas feroces" que le daban de pequeña. De sus
"rezongos"; de su repugnancia a obedecer. De que, en ocasiones,
"siente sublevarse todo su ser" De que todavía a sus 17 años, en el
colegio, llegó a botar con rabia un dulce que le dieron por creerlo muy
chico. Pero al menos desde los nueve años, se propuso muy en serio
controlarse. Y humillándose cada vez que quebrantaba su propósito, y
dominando sus impulsos las más de las veces, logró alcanzar la ecuanimidad,
dulzura y apacibilidad que admiraron todos en ella. "Debo esforzarme por ser más amable. Me esmeraré en
labrar la felicidad de los demás". "Mi resolución: santificarme por
todos". Son también propósitos de Juanita. Los jóvenes que
aspiran la madurez humana deben indispensablemente hacerlos suyos. Porque es
principio archisabido archirrepetido que únicamente
abriéndose a los demás, dándose, saliéndose del propio egoísmo en busca del
bienestar de los otros, es como se realiza y madura la persona humana. Es por
eso lo exigió Cristo terminantemente a sus seguidores. Y quienes no se
esfuercen por vivirlo, ni llegarán a ser hombres nuevos, ni serán capaces de
construir el mundo nuevo más humano y más unido que tanto dicen anhelar. Ocupémonos del prójimo, de servirle, aunque nos cueste
repugnancia hacerlo. De esta manera conseguiremos que el trono de nuestro
corazón sea ocupado por su Dueño, por Dios. A los cristianos del siglo XX nos viene a decir Teresa
que sólo abriéndonos a Dios y a sus exigencias de amor lograremos ser plenamente
hombres. Teresa – ya queda dicho) ha conseguido armonizar lo
divino y lo humano integrándolo en su vida en admirable síntesis. Para ello
no hay dos vidas superpuestas: una natural profana y la otra sobrenatural,
espiritual. No hay sino una única vida humana planificada por el amor divino,
divinizada. Viviendo abierta a la voluntad de Dios y no apartándose ni un
punto de ella, conjuga con naturalidad encantadora el trato con Dios y con
los hombres, como queda ponderado. Convertida en Sor Teresa, más endiosada
por haber rendido incondicionalmente su querer al divino, continúa amable y
comunicativa y alegrando y embromando alas religiosas y a los destinatarios
de sus cartas. La obediencia a Dios nos salva, nos lleva a la
realización. Por preferir su plan al de Dios, queda el egoísta destruido,
sumido en la degradación del vicio; envilecido. ¡Qué verdad es que el hombre
sin Dios se deshumaniza!. En cambio, en diálogo con
Dios y siguiendo dócilmente su camino de apertura y servicio a los demás,
alcanza el hombre su plenitud: su naturaleza se ennoblece, se perfecciona y
en cierto modo se diviniza. A esa meta ha llegado Teresa. Por eso, rebosante de
satisfacción, necesita proclamar en todos los tonos – como lo hace en su
correspondencia – que está gustando anticipadamente la felicidad del cielo. Sabe muy bien que, sumergida como está en esa atmósfera
divina, su vida entera –sin excluir ninguna de sus acciones – es una alabanza
de gloria a Muchos lo habían olvidado y venían separando
lamentablemente su vida religiosa de su vida profana. Y el cristianismo
quedaba desprestigiado con procederes y conductas
en franca oposición con las creencias. Por eso llegó la severa advertencia
del Concilia Vaticano II contra los que incurrían en tal incoherencia. Teresa, que tan estupendamente captó y asimiló esa
exigencia del Evangelio, puede con todo derecho recordárnosla a los
cristianos de su siglo, haciéndola mensaje propio. Y repetimos: Que no debe
haber para nosotros sino una única vida humana. Toda ella cristiana,
espiritual, es decir, de acuerdo al espíritu de Cristo. Que estamos obligados
a dar culto a Dios no únicamente la hora de la misa dominical y los minutos
diarios dedicados al rezo, sino todos los minutos del día y todas las horas
de la semana. Cuando nuestra oración sea –como la de Teresa- una conversación
intima con Cristo, en la que tratemos familiarmente con El, saliendo de ella
dispuestos a sacrificar en nuestra vida personal y social lo que le
desagrada, toda nuestra vida, unificada, será auténticamente cristiana. Sí;
también la de los negocios, la profesional, la del hogar. Y entonces todo
nuestro día – incluso las diversiones – serán culto, liturgia, melodía
continua, glorificación de Dios. |