|
Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
|
|
Santa Teresa de Los Andes |
|
|
|
SUS
ESCRITOS
ÍNDICE 2. CARTA 52:
A 3. CARTA 56:
Al P. Artemio Colom, S.J.
29 de enero 1919. 4. CARTA 66.
Al P. Julian Cea, C.M.F. San Pablo, 27 de febrero de 1919. 5. CARTA 68
: Al P. José Blanch, C.M.F.
San Pablo, 3.3.1919 6. CARTA 87:
Al P. Antonio Ma Falgueras., S.J.
J.M.J.T. Santiago, 24 de abril 1919 . 7. CARTA
122: Al P. Julián Cea, C.M.F..14 de agosto
1919. II. UNIÓN CON DIOS 1. DIARIO 32. Unión con Dios es vivir haciendo su voluntad, sobre todo
en momentos difíciles. Lunes 27 [8.1917]. No sé lo que tengo, pues siento a cada instante fatigas.
Hoy varias veces he tenido que poner toda mi voluntad para no dejarme llevar
de la tristeza. Y ayer saqué ese propósito en la meditación: mostrarme alegre
todo el día. Y lo he cumplido. He pasado a veces de tal manera que casi no
podía menearme del agotamiento de ánimo en que estoy. Yo creo que es la
debilidad en que estoy: un dolor de cabeza constante. Añádese
a esto el dolor de espalda. Ya no sé cómo estoy; pero estoy feliz, pues sufro
y sufro con Jesús para consolarlo y para reparar mis pecados y los de los
hombres. Y una tristeza moral; pero diré con el salmista: "Cercado estoy
por mis enemigos, pero confío en el Señor que ha de confundirlos". Agosto 28 [1917]. Me siento cada día peor. No tengo ánimo para nada;
pero en fin, es la voluntad de Dios. Que se haga como El quiera. Madre mía,
todo lo he puesto en vuestras manos. ¿Por qué me habéis abandonado? Haz que
sepa muy bien mis lecciones y composiciones. Madre mía, que tenga "muy
bien" en mis temas. Muéstrate que eres mi Madre y dame todo, pero humildad
ante todo. Jesús querido, dame sufrimientos. No importa sufrir, porque así me
amas. Mañana sin Comunión. La obediencia me lo impone. ¿Qué hacer, Jesús mío,
sin Ti? ¿Qué será de esta miserable sin Jesús? Mas, por suerte, que lo tengo
en mi alma. Allí habita mi Jesús y no lo dejo salir. Hoy, 30 de agosto [1917], no he comulgado. Sin unirme con Dios. Y todo
por este cuerpo de barro. ¿Cuándo se acabará esta muerte para vivir en Dios?
Jesús mío, Tú eres mi Vida. Sin Ti me muero; sin Ti desfallezco. Hoy me he
sentido mal. Las fatigas no me dejan. Qué hacer, si es la voluntad de Dios.
Hoy sin Comunión he metido más aparato. Silencio, cuerpo, quiero que sólo el
alma hable con Dios para que tú calles a las criaturas. La mirada de mi crucifijo me sostiene. Veo todo oscuro. Mi oración se
acabó. Me han prohibido que la haga en la noche. La comunión me la han negado; pero venzo, porque Jesús lo es Todo y El está
dentro de mi alma. ¿Qué importa todo? No quiero mirar sino el presente, es
decir, mirar a Jesús. El me alumbra. El porvenir se me presenta en medio de
tinieblas. Cuando comulgo siento ánimo. Jesús me da vida, no sólo la del alma
sino la del cuerpo. Y me la quitan; me privan del Cielo. Jesús querido, que
se haga tu voluntad y no la mía. Mañana comulgaré. Conseguí permiso. ¡Oh, qué
felicidad: mañana tendré el Cielo en mi corazón! ¡Oh, te amo, Jesús, te
adoro! Te agradezco a Ti y a mi Madre este favor. ¡Toda
tuya... Sólo Tú... ninguna criatura! Septiembre 1° [1917]. Enferma siempre. Se me presenta tan triste el
porvenir que no lo quiero mirar. Me dijeron hoy que me iban a sacar del
colegio y que, como Me muero, me siento morir. Jesús mío, me doy a Ti. Te ofrezco mi vida
por mis pecados y por los pecadores. Madre mía, ofréceme como hostia.
Verdaderamente, ayer ya no podía más del dolor al pecho. Me estaba ahogando.
No podía respirar y del dolor me daban fatigas. Todo se lo ofrecí a Jesús por
mis pecados y los de los pecadores. Estoy en mi casa. Me tuve que venir
porque ya no podía más. Qué pena tuve al despedirme de las chiquillas y de
las monjas y de mis chicas. Las quiero tanto... pero que se haga la voluntad
de Dios. No he comulgado. Llegué a soñar anoche que tenía hambre de Jesús;
pero después, todo el día en un estado de tibieza, no hice oración ni comulgué
espiritualmente. Oh qué mala soy. Pero gracias a Dios hoy reparé e hice una
comunión espiritual. Iba a meditar, cuando me quedé dormida, pero ahora voy a
ver si puedo meditar. Mañana voy a comulgar. Cuánto lo deseo, Jesús mío. Soy
tan mala. Necesito de Ti para ser buena. Ven, amor. Ven pronto y te daré mi
corazón, mi alma y todo lo que poseo. Madre mía, prepara mi corazón para
recibir a mi Jesús.
2. CARTA 52: A Hacer de la vida una oración constante. Mi Reverenda Madre: No se extrañe no haya contestado inmediatamente su
carta, pero aquí me es muy difícil escribirle por cuanto es mi papá el que
despacha las cartas para el correo. Le ruego también que, cuando me escriba,
no me ponga Del Solar, porque les llama la atención el "Del" y me
preguntan que quién me escribe as( y paso apuros
colosales para eludir la pregunta sin mentir. Es así nuestro apellido, [pero]
nunca nos ponemos así. Muchas veces, mi querida Madre, no puedo ni hacer oración. En esto
consiste mi mayor pena, pues paso constantemente con todos, porque no me
dejan un momento. Ayer estaba desalentada, pero N. Señor me consoló
diciéndome que me debía esforzar en dominar esa tristeza y desaliento, porque
muchas veces me dominaría después ante las dificultades para ser una santa
carmelita. Esto sólo bastó para alentarme y ponerme muy feliz con la voluntad
de Dios. Gracias a El. Es cierto que a veces no tengo mi oración. Pero mi vida -puedo decir-
es una oración continuada; pues todo, o que hago, lo hago por amor a mi
Jesús, y noto que desde que estuve allá estoy mucho más recogida. Dígales
esto a mis queridas Hermanitas, pues a Ud., Madre
mía querida, y a ellas se lo debo. Leí las Constituciones y Reglas. Sólo confío en Dios podré observarlas
perfectamente, pues ellas encierran un plan cumplido de santidad. Leo el
libro del Padre Blot que da también a conocer lo
que es la carmelita. También Recuerdos a Mi dirección es San Javier de Loncomilla.
Casilla 6.
3. CARTA 56: Al P. Artemio Colom, S.J. 29 de enero 1919 Expone a su confesor su vida orante, de
seglar. También deseo exponerle los temores que me vienen por creer que el
alma que se entrega a la oración ha de sufrir muchos engaños; y a veces llego
a creer que todo es ilusión, con lo que sufro muchísimo. Pero me parece que
son tentaciones del demonio, pues si un alma espera y cree en Dios, no es
confundida. Le expondré con toda sinceridad acerca de mi oración. Me figuro que
estoy como Magdalena a sus pies escuchándole. El me dice qué debo hacer para
serle más agradable. A veces me ha dicho cosas que yo no sé. Otras veces me
dice cosas que no han pasado y que después suceden, pero esto es en raros
casos. Me ha dicho que seré carmelita y que en mayo de 1919 me iré. Esto me
lo dijo de este modo: le pregunté que de qué edad me iría. Entonces me dijo
que de 18 años y que me faltaban 5 meses y seria en mayo. Todo esto me lo dio
a entender rápidamente, sin que yo tuviera tiempo para sacar la cuenta de que
el quinto mes era mayo. Después la saqué y vi que,
efectivamente, para mayo faltaban cinco meses; por esto vi
que no era yo la que me hablaba. Otras veces me dice cosas que yo no recuerdo
y que, aunque quiero, no puedo hacerlo. Pero me ha pasado creo dos veces que,
preguntándole yo una cosa, El me la ha dicho y después no ha sucedido; por lo
que yo temo ser engañada. Otra vez estaba delante del Santísimo en oración con mucho fervor y
humildad; entonces me dijo que quería que tuviera una vida más íntima con El;
que tendría mucho que sufrir y otras cosas que no recuerdo. Desde entonces
quedé más recogida, y veía con mucha claridad a N. Señor en una actitud de
orar, como yo lo había visto en una imagen. Pero no lo veía con los ojos del
cuerpo, sino como que me lo representaba, pero era de una manera muy viva,
que aunque a veces yo antes lo había querido representar, no había podido. Lo
vi de esta manera como ocho días o creo más y
después ya no. Y ahora tampoco lo puedo hacer. He tenido a veces en la oración mucho recogimiento, y he estado
completamente absorta contemplando las perfecciones infinitas de Dios; sobre
todo aquellas que se manifiestan en el misterio de Vi lo horrible que es el pecado, y quiero
morir antes que cometerlo. Me dijo tratara de ser perfecta; Y cada perfección
suya me la explicó prácticamente: que obrara con perfección, pues así habría
unión entre El y yo, pues El obraba siempre con perfección. Estuve más de una
hora sin saberlo; pero no todo el tiempo en gran recogimiento. Después quedé
que no sabía como tenía la cabeza. Estaba como en otra parte, y temía que me
vieran y notaran algo en mi especial. Por lo que rogué a N. Señor me volviera
enteramente. En la oración de la tarde estuve menos recogida, pero sentía amor,
aunque no tanto. Todo ese día estuve muy recogida y me pidió Dios no mirara
fijamente a nadie y, si de vez en cuando tenía que mirar, lo viera siempre a
El en sus criaturas, porque para llegar a unirse a El necesitaba mucha
pureza. Ni aún quiere toque a nadie sin necesidad. Después de ese día he
quedado en grandes sequedades. Todo esto que le digo, se lo digo con toda verdad. Aunque me parece
que todo es engaño, y me cuesta mucho decírselo por lo mismo; pues me parece
que son exageraciones mías. Juana, H. de M.
4. CARTA 66. Al P. Julian
Cea, C.M.F. San Pablo, 27
de febrero de 1919 Cómo es la vida orante de Teresa, siendo
aún seglar. He seguido en mi vida de recogimiento, uniéndome a Dios lo más
posible. El otro día, cuando estaba en oración, me dijo lo adorara
constantemente dentro de mi alma, ofreciéndole las alabanzas de todas las
criaturas y uniéndome a las que le tributan los ángeles del cielo. Todo
cuanto El me dijo lo he cumplido, viviendo así mucho más unida a El.
Contemplo a El otro día me habló de la pobreza. Me dijo que tratara de no poseer
ni voluntad ni juicio, ya que por ahora no podía ser realmente pobre.
Entonces me dijo .que no estuviera apegada a nada. Pero todo esto fue sin
palabras, sino que me lo daba a entender interiormente, y me hizo conocer que
estaba apegada al fervor sensible. Que yo hacía consistir la unión divina en
el amor sensible, pero que estaba en imitar sus divinas perfecciones para
asemejarme a El cada vez más, y en sufrir mucho por su amor para ser
crucificada como El. Rdo. Padre, todo esto se lo digo tal como pasa en mi alma, para que Ud. pueda aconsejarme. Como Ud.
puede ver, N. Señor es demasiado bueno Para con esta ingrata criatura. Cada
vez que estoy en oración N. Señor me da a conocer su amor infinito y lo
imperfecto de m; amor. Créame que deseo morir, pues veo que no le correspondo
en nada. Quisiera, si me fuera posible, sufrir las penas del infierno, con
tal que así pudiera amarle un poco. Soy tan miserable que N. Señor necesita
darme muchos consuelos y fervor para que me acerque a El; y a pesar de esto,
no lo hago. Siento a veces tanto amor, que me siento verdaderamente sin
fuerzas; y sin embargo, en mis obras no se lo demuestro?.
¡Ay!, Rdo. Padre, créame que me aniquilara para que no existiera sobre la
tierra un monstruo de ingratitud para con ese Dios que es todo amor. A veces
temo que se canse y me deje abandonada para siempre; que me mande la muerte y
me condene. Rece Ud. por mí, R. Padre, pues tanto
lo necesito, para que lo ame verdaderamente. Tengo ansias de ser carmelita
para poder hacer penitencia y demostrarle mi amor, mortificando este cuerpo
que me sirve de estorbo para unirme a El Le ruego me dé permiso, entre tanto, para ponerme un cinturón tejido
de ramas de acacia, pues éste tiene espinas. Me he puesto también piedras en
los zapatos, porque esto no me hace nada y tengo permiso para hacerlo. No le
pido permiso para mortificarme en la comida porque me lo tienen prohibido;
pero son tantas las ansias que tengo de hacerlo, que N Señor lo tomará en
cuenta. No se imagina, Rdo. Padre, la pena tan grande que tuve cuando vi que Nuestro Amo no estaría aquí (en el fundo, cuando Rdo. Padre, permítame recordarle, pues me da tanto miedo que se le
olvide, esos dos responsos que mandó decir esa mujer y que se lo di a última
hora. Le he agradecido mucho el cuadernito que me dio. Me ha encantado. Rece por su pobre carmelita para que cumpla la voluntad divina.
Ofrézcame como víctima de reparación y acción de gracias en Se despide en el Sagrado Corazón de Jesús y de Maria Juana P.D. Se me había olvidado decirle que mi nombre será Teresa de Jesús.
Fíjese qué nombre tan grande para mí. Ruegue para que sea verdadera Teresa de
Jesús y para que Jesús pueda decirme que El es Jesús de Teresa.
5. CARTA 68: Al P. José Blanch, C.M.F. San Pablo,
3.3.1919: Oración en el campo. No puede explicar algunos fenómenos orantes. Locuciones de Las misiones las supe aprovechar. Pasé unos días de cielo. A veces,
cuando estaba una hora o más con N. Señor, me figuraba estar en el Carmen.
Sólo me faltaba verme tras las rejas como prisionera A cada momento me iba al
oratorio; pues no tenía descanso mi corazón hasta que no me encontraba a sus
pies. Vino un Padre que me gustó mucho. Se veía era muy santo: el P. Cea. Dios permitió que viniera, pues no sabía qué me
pasaba. Estaba muy desanimada en la oración. Como tuve necesidad de
consultarlo acerca de esto, me dio muy buenos consejos que trajeron la paz a
mi alma. Le dije mis intenciones de ser carmelita y dio gracias a Dios por
ello, pues las aprecia mucho Me tomó mucho interés y me examinaba en todo y
me encontró vocación. Me dio un cuaderno "Tratado de También me pasa lo mismo con mis amigas. Hay muchas que me escriben y
nos aconsejamos para ser buenas. Sin embargo, muchas veces, cuando estoy en
la oración, me viene el pensamiento de que les debo escribir, aunque yo nunca
les hablo de mí, sino de lo que creo las ha de llevar a Dios. Sin embargo,
tengo una íntima -la que el P. Falgueras me
aconseja sea amiga- y es Elisita Valdés. No tenemos
ningún secreto y nos decimos lo bueno como lo malo y ambas nos esforzamos en
ser cada día más de Dios. Sus consejos me han hecho mucho bien; mas me parece
de repente que la quiero demasiado y que quizá a N. Señor no le gusta.
Dígame, por favor, lo que Ud., Rdo. Padre, juzga de
todo esto; pues si Ud. me dice deje todo esto a un
lado para ser más de Dios, lo haré aunque me cueste. Dios me ayudará. Me dice Ud., Padre, que explique cómo es el
conocimiento que Dios me infunde de sus perfecciones; pero le diré con
llaneza que no lo puedo explicar, porque ese conocimiento Dios no me lo da
con palabras, sino como que en lo íntimo del alma me diera luz de ellas. En
un instante yo las veo muy claro, pero es de una manera rápida y muy íntima,
en la parte superior de mi alma. El otro día fue sobre la esencia de Dios.
Cómo Dios tiene la vida en Si mismo y no necesita de nadie: de sus
operaciones, y de ese silencio infinito en que está abismado. También de la
unión que existe entre las Tres Divinas Personas y de la generación. Yo no
puedo explicar, Rdo. Padre, todo esto por la razón que le digo. Por lo
general, de mi oración siempre saco humildad, confusión por mis pecados y
deseos de ser cada día más de Dios, y mucho agradecimiento . . . Los sábados, me dijo el Padre Julián que meditara en las virtudes de Todo ese día, Rdo. Padre, pasé en mucho recogimiento. Pero los días
siguientes no podía recogerme. Una vez me dijo N. Señor lo adorara y me quedé
inmediatamente recogida. Otras veces no siento la voz de Dios ni fervor; pero
siento consuelo de estar con El, y no sé cómo, pero siempre me declara una
verdad en el fondo de mi alma, que me sostiene y enfervoriza para todo el
día. El otro día me manifestó en qué consiste la pobreza verdadera: en no
poseer ni aún nuestra voluntad, en estar despegada de nuestra
propio juicio. Me dio a entender que yo estaba apegada a los consuelos
sensibles de la divina unión. Y que ésta no consistía sino en identificarse
con El por la más perfecta imitación de sus perfecciones, y en unirse a El
por el sufrimiento. Dígame, Rdo. Padre, qué debo hacer con respecto a todo esto que N.
Señor me indica en la oración. Me veo tan miserable y que correspondo tan mal
a su amor. Esto me apena mucho: ver que siento
sensiblemente mucho amor. A veces llega hasta quitarme las fuerzas y desear
no hacer nada, sino tenderme en la cama. Veo que estoy llena de
imperfecciones. Temo que N. Señor se canse y me abandone [y] aún que mande la
muerte y me condene eternamente. Ruegue por m; que tanto lo necesito. Ud., Rdo. Padre, me conoce muy bien y ve lo miserable que
soy; mas tengo deseo de ser toda de Dios.
6. CARTA 87: Al P. Antonio Ma Falgueras, S.J. J.M.J.T. Santiago, 24 de abril 1919
. Manifestaciones tempranas de vida orante.
Locuciones. Respuesta al amor divino. Yo nunca he hecho caso de lo que he visto, creyendo fuera mi
imaginación la que me representaba ciertas imágenes, aunque las tales dejaban
siempre en mi alma humildad, amor, confusión--al ver mis miserias--,
arrepentimiento y, sobre todo, agradecimiento hacia ese Dios lleno de bondad
y misericordia. Desde los siete años, más o menos, nació en mi alma una devoción muy
grande a mi Madre, Desde que hice mi Primera Comunión, N. Señor me hablaba después de
comulgar. Me decía cosas que yo no sospechaba y aún cuando le preguntaba, me
decía cosas que iban a pasar, y sucedían. Pero yo seguía creyendo que a todas
las personas que comulgaban les pasaba igual, y una vez le conté a mi mamá no
me acuerdo qué cosa de lo que N. Señor me dijo. Entonces me dijo lo dijera al
Padre Colom, pero a mí me daba vergüenza. A los catorce años, cuando estaba enferma en cama, Nuestro Señor me
habló. Me dijo que lo acompañara. Entonces me dio la vocación, pues me dijo
que quería que mi corazón fuera sólo para El, y que fuera carmelita. Desde
ese momento pasaba el día entero en una íntima conversación con N. Señor, y
me sentía feliz en pasar sola. Muy bien distinguía la voz de mi Madre Sma. y la de mi buen Jesús. Como pasaba los días enteros unida
a N. Señor, las ansias de sufrir y amar crecían cada vez más. A veces sentía
tanto amor que me parecía no podía vivir si se hubieran prolongado por más
tiempo Una vez, en la noche, antes de dormir, cuando hacía mi examen de
conciencia, N. Señor se me representó con viveza tal que parecía lo veía.
Estaba coronado de espinas y su mirada era de una tristeza tal, que no pude
contenerme y me puse a llorar tanto, que el Señor me tuvo que consolar
después en lo íntimo del alma. Duró unos dos minutos, más o menos, y su
rostro quedó por mucho tiempo esculpido en mi memoria, y cada vez que lo
representaba como lo había visto, me sentía deshacerme de arrepentimiento por
mis pecados. El amor que le tenía creía cada vez más, y todo lo que sufría me
parecía poco, y me mortificaba en todo lo que podía. Una vez en que la
violencia del amor me dominó tomé un alfiler y grabé con él en mi pecho estas
letras: J.A.M.= "Jesús, Amor mío". Y me
hizo mal, porque me dio fatiga; pero nunca lo he dicho a nadie. Otra vez,
queriendo imitar a Margarita María, tomé lo que había arrojado. Los remedios
los tomaba despacio para saborear su amargura. Pero todo esto lo hacía sin
decirle nada a mi confesor, porque me daba vergüenza. No me acuerdo bien si
después le dije que Nuestro Señor me hablaba, pero él no le dio importancia.
Solía suceder que lo que N. Señor me pedía para mi santificación, el Padre me
lo repetía después con las mismas palabras en el confesionario. También una vez que rezaba unas "Ave Marías" para formarle
una corona a N. Señor en el Smo. Sacramento dos veces me
ha manifestado, pero casi de una manera sensible, su amor. Una vez me dio a
entender su grandeza y después me dijo cómo se anonadaba bajo las especies de
pan. Me pasó esto en el colegio. No sé si me notarían algo después, pues una
monja me preguntó algo muy significativo, que me sorprendí y turbé toda. El
año pasado N. Señor se me representó con su rostro lleno de tristeza y en una
actitud de oración y los ojos levantados al cielo y con la mano sobre su
Corazón. Me dijo que rogaba incesantemente a su Padre por los pecadores y se
ofrecía como víctima por ellos allí en el altar, y me dijo hiciera yo otro
tanto, y me aseguró que en adelante viviría más unida a El. Que me había
escogido con más predilección que a otras almas, pues quería que viviera
sufriendo y consolándolo toda mi vida. Que mi vida seria un verdadero
martirio, pero que El estaría a mi lado. Su imagen quedó ocho d(as en mi
alma. Lo veía con una viveza tal que pasé constantemente unida a El en su
oración. A los ocho días no la vi más, y aunque
después quise representármela tal como era, no pude. Quizás fue por mi culpa
que la dejé de ver, pues no fui recogida después. Después no he vuelto a ver nada especial. N. Señor me habla, pero
mucho menos. Y ahora nunca me dice nada que no sea sólo para mi alma, pues
una vez le principié a preguntar muchas cosas,.que
no se relacionaban con mi alma. Entonces me dijo que nunca le preguntara,
sino que me contentara con lo que El me decía. Sólo dos veces me ha dicho
cosas que no se han cumplido. Por eso, desconfío sea N. Señor el que me
habla. Sin embargo sus palabras siempre me dejan paz, humildad,
arrepentimiento y recogimiento. También le ruego decirme sobre qué debo meditar, pues en la meditación
no veo saco mucho provecho. Siento una ansia
ardiente por contemplar a Dios, pero parece que mi entendimiento se ve
rodeado de tinieblas que me impiden la contemplación. Anoche N. Señor me
permitió contemplara la infinidad divina. Estuve una hora y cuarto. Vi con claridad la infinidad de Dios y después mi
pequeñez. Saqué mucho fruto, porque he estado recogida, humillada y con mucho
agradecimiento hacia ese Dios que me busca a pesar de mi pequeñez, a pesar de
que soy tan pecadora e infiel a sus gracias. Dígame qué debo hacer en la
oración, por caridad; pues quiero conocer a mi Divino Esposo, a fin de amarle
cada día más.
7. CARTA 122: Al P. Julián Cea, C.M.F..14 de agosto 1919. Unión con Cristo. Intensidad de amor unitivo. Qué feliz me siento cuando al fin del día puedo decirle que me he
negado en todo. Pero desgraciadamente esto no es diariamente, pues con
frecuencia veo que no estoy del todo desasida de las criaturas, pues deseo
conversar con mis hermanitas; lo que no debe existir en una carmelita, cuyo
trato debe ser sólo con Dios. ¿No encuentra vuestra Reverencia lo mismo? A pesar de mis miserias, Dios me toma cada vez más para Sí. No se
imagina vuestra Reverencia cómo se descubre cada vez más a mi alma. Las
locuciones interiores siempre las siento. También se me han representado
imágenes interiores de N. Señor en ciertas épocas. Una vez, se me representó
N. Señor agonizante, pero en forma tal que jamás lo había visto. Me tuvo ocho
días sumida en una verdadera agonía, y lo veía a toda hora. Después cambió de
forma, y el día del Sdo. Corazón se me presentó
Jesús con una belleza tal, que me tenía completamente fuera de mí misma. Ese
día me hizo muchas gracias. Entre otras, me dijo que me introducía en su Sdo. Corazón para que viviera unida a El; que uniera mis
alabanzas a 28 de Agosto. Tantos días sin poder seguir mi carta. Vuestra
Reverencia me perdonará, pues bien sabe que no disponemos ni aún del tiempo.
Es lo más rico. Pero seguiré dándole cuenta de mi oración, pues siempre
existen en mí las dudas: que es todo ilusión lo que me sucede... Aunque
últimamente no puedo dudar sea Dios el que se une a mí, pues lo siento
apoderarse de mi ser. Mi oración, por lo general, es una especie de mirada a Dios sin
raciocinar. A veces siento mi alma como que quisiera salir de mí, para
confundirse en el Ser divino. Otras veces es Dios el que entra en mi ser. Entonces mi alma está sosegada. Siento
interiormente un fuego consumidor, que me consume enteramente. 31 de Agosto. Sólo a ratos le puedo escribir. No sé como decirle lo
que quiero expresar de todo lo que me ha pasado esta semana. En estos
momentos sufro horriblemente. Sólo Jesús, que es el que me martiriza, lo
comprende. Créame, Rdo. Padre, que lo que ha pasado por mí no lo puedo
expresar. Cuando estoy en la oración no dudo sea Dios el que se une a esta
miserable pecadora; pero saliendo de la oración, creo es el demonio o
ilusiones que me forjo. Haré lo posible por decirle lo que siento. Hacen 6 [días], estando en la acción de gracias después de la
comunión, sentí un amor tan grande por N. Señor que me parecía que mi corazón
no podía resistir; y al mismo tiempo -créame, Padre, que no sé decirle lo que
me pasó, pues quedé como atontada- he pasado todos estos días como si no
estuviera en mí. Hago las cosas, pero sin darme cuenta. Después, en la
oración, se me presentó Dios, e inmediatamente mi alma parecía salir de mí;
pero con una violencia tal, que casi me caí al suelo. No pierdo los sentidos,
pues oigo lo que pasa al lado, pero no me distraigo de El. Sobre todo cuando
el espíritu sube más, entonces no me doy cuenta (esto es por espacio de
minutos, creo) pero paso la hora casi entera en este levantamiento de
espíritu; pero eso sí que con interrupciones, aunque en estas interrupciones
no vuelvo bien en mí. Después mi cuerpo queda todo adolorido y sin fuerzas.
Casi no puedo tenerme en pie. Y el otro día me pasó que no tuve fuerzas ni
aún para llevarme el tenedor a la boca. Tenía tan pesado y adolorido el brazo
que no podía. Creo que pasaron dos [días] sin poder hacer nada. En estos
propósitos estaba, cuando de repente se me vino a la mente el anonadamiento
de Dios bajo la forma de pan, y me dio tanto amor que no pude resistir; y mi
alma, con una fuerza horrible, tendía a Dios. Después sentí esa suavidad, la
que me inundó de paz y me convenció que era Dios. Sin embargo, hoy estoy con todas las dudas y he llorado, porque no
quiero llamar la atención de mis hermanas. Por otro lado, el amor de Dios que
siento es tan grande que estoy sin fuerzas, y creo que, si me viniera un
levantamiento de espíritu, no podría resistir. También pienso que, cómo yo, siendo una pecadora y que sólo tan poco
tiempo me doy a la oración, Dios se va a unir a mí. Sin embargo, El me dijo
que yo sufriría la purificación por medio del amor, pues quería hacerme muy
suya. Otras veces, se me ocurre que las hermanas me van a creer que yo soy
una hipócrita, que quiero hacerme pasar por extraordinaria, y que me van a
echar. Esto no me atormenta tanto, porque gozaría que todas me despreciasen. He visto que esta oración me hace buscar más soledad. No tengo ningún
apego. Tengo más humildad, amor al sufrimiento, a la mortificación. Sobre
todo siento que yo no soy la que vivo, sino Jesús. Fuente: www.santuarioteresadelosandes.cl |
|
|
|