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Caminando con Jesús Pedro Sergio Antonio Donoso Brant |
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Santa Teresa de Los Andes |
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SUS
ESCRITOS IV ÍNDICE 1.
DIARIO 21. Abril 1917. Ofrenda de su propio ser. Al sufrir está con Cristo en
la cruz. Mortificaciones
físicas. 2.
DIARIO 27 . Vencer su orgullo y sus enojos. 3.
DIARIO 43. Actitud ante el sufrimiento al salir del internado. Resoluciones
para siempre. 4.
DIARIO 56: Fuertes purificaciones y pruebas de fe. 5.
CARTA 27. Sequedades y angustias. Mortificaciones físicas. Decidida para
seguir su vocación antes las dificultades familiares. 6.
CARTA 29: Pruebas. Dudas. Sin fervore sensible. Resistencia ante el
"mundo". 7.
CARTA 31. Pena al tener que separarse de Rebeca, por seguir su ideal
vocacional. 8.
CARTA 72: Desgarro al solicitar el permiso de su padre. Inmolada. Entregada
a la voluntad de Dios. 9.
CARTA 109: Confianza ilimitada en Dios. Las debilidades son escalones para
subir. Ser
"hostias" por amo IV. ASCESIS
PERSONAL 1. DIARIO 21.
ABRIL 1917. OFRENDA DE SU PROPIO SER. AL SUFRIR ESTÁ CON CRISTO EN Mortificaciones físicas. Jesus mío, Tú conoces la
ofrenda que te he hecho de mí misma por la conversión de las personas que te
he nombrado. Desde hoy, no sólo te ofrezco mi vida, sino también mi muerte como
te pluguiere dármela. La recibiré con gusto, ya sea en el abandono del
Calvario, ya en el Paraíso de Nazaret. Además, si quieres, dame sufrimientos,
cruz humillaciones. Que sea pisoteada para castigar mi orgullo y el de ellos.
Como Tú quieras, Jesús mío. Soy tuya, haz de mí según tu santa voluntad. A ti, oh María, que jamás me
has desoído los ruegos que te he dirigido, como una hija le pide a su madre,
también te pongo en tus manos maternales esas almas. Oyeme.
Toda mi vida no he dejado de pedirte, Madre mía. Escúchame, te lo ruego por
Jesús y por tu Esposo San José, a quien ruego interceda por esta pobre
pecadora. Sufro. Esta palabra expresa todo para mí. ¡Felicidad! Cuando sufro
estoy en Abril 1917. Gracias, Dios
mío, porque me habéis dado un director que dirija mi alma hacia Ti? Me preguntó cómo era mi oración, si estéril o con
devoción. Yo le dije que con devoción a veces; pero había períodos en que no
podía meditar y me quedaba tranquila con N. Señor. Pero me dijo que siempre
debía tratar de reflexionar y sólo en ultimo término, hacer lo otro. Que
viviera constantemente en la presencia de Dios Nuestro Señor dentro de mi
alma. Que lo hiciera lo más a menudo posible. Que hiciera el examen
particular sobre eso. Que apuntara los pensamientos y afectos de la
meditación que más me movieran a devoción. Me permitió que me
mortificara, mortificándome en las comidas, sacrificando el gusto. También
que rezara un cuarto de hora en cruz o tres Padre Nuestros hincada sobre las
manos. Después me va a dar permiso para ponerme cilicios. Que fuera muy
reservada. Que no hablara de mi vocación, sino con mi mamá y con Lo que más consuelo y
alegría me dio fue que me dijo que tenía vocación para Carmelita. Me preguntó
qué virtud prefería. Le contesté: la humildad. Después me dio permiso para
renovar el voto de virginidad hasta Resolución: un alma para
salvarla; una muerte para temerla; una vida para santificarla. Silencio. Está
el jubileo. Me siento llena de El. Le amo. 2. DIARIO 27 . VENCER SU ORGULLO Y SUS ENOJOS. Jueves 5 de julio [1917].
Nada tengo que decir de hoy. No he sido perfecta. En la clase de francés
hablé. Sin embargo, me vencí bastante. Mañana haré un día de retiro. Lo
necesito tanto. Me uno a N. Señor pero no lo imito. Todavía soy muy
orgullosa. Me propondré abatir hasta los últimos gérmenes del amor propio. No
sé sobre qué se puede basar, pues soy una nada criminal. Me gusta que me
estimen las criaturas, pero ¿de qué me servirá, si Dios no me estima? 3. DIARIO 43.
ACTITUD ANTE EL SUFRIMIENTO AL SALIR DEL INTERNADO. RESOLUCIONES PARA
SIEMPRE. He pasado días de cielo. A
cada paseo me iba a estar con El en la capillita, junto a El. Hemos hablado
tanto... Sentía muchas dudas acerca de mi vocación. Dudaba si ser carmelita,
pero Jesús me decía que esa era su voluntad. Me voy del colegio
[12.8.1918]. Todo lo que sufro no es posible describirlo. ¡Oh Dios mío, cómo
todo pasa y concluye! Cuánto nos apegamos a lo transitorio. No he llorado,
pero el corazón lo tengo hecho jirones. He asistido a la apertura del
semestre y al ver que ya no tendría ningún cargo, sentía que se me destrozaba
el corazón. Adiós, Madres que me habéis enseñado el camino de la virtud, que
me habéis mostrado el camino de la dicha más cumplida aquí en la tierra y el
camino del Cielo. Adiós, morada del Corazón de Jesús, donde tres años he
vivido contigo. Adiós, compañeras tan queridas, adiós. Vuestro cariño quedará
para siempre en ni memoria. Adiós, adiós [a] todo. Me voy con El. Lo sigo y
soy feliz. No lloraré. Quiero ofrecer con generosidad el sacrificio a Dios.
Todo por Ti, Jesús, hasta la muerte. Resoluciones para mi vida
entera: 1ª No dejaré jamás mi
meditación, mi Comunión y misa. 2ª Haré examen particular y
rezaré mis oraciones de la mañana y de la noche de rodillas. 3ª Haré lectura espiritual y
conservaré en mi alma un recogimiento que me mantenga unida con Jesús y
separada por completo del mundo. 4ª Tendré carácter. Jamás me
dejaré llevar por el sentimiento por el corazón, sino por la razón y mi
conciencia. 5ª Cumpliré la voluntad de
Dios con alegría, tanto en las penas como en las alegrías, sin demostrar
jamás en mi cara lo que pasa en el corazón. No llorar jamás, teniendo
presente lo de Santa Teresa: Es preciso tener corazón de hombre y no de
mujer. 6ª No me dejaré llevar jamás
del respeto humano, tanto en mi manera de conducirme como en mis palabras. 4. DIARIO 56:
FUERTES PURIFICACIONES Y PRUEBAS DE FE. "Retiro del Espíritu
Santo": 08.06.1919 Entré ayer a retiro. N,
Señor me dijo que fuera por El a su Padre. Que lo único que quería en este
retiro era que me escondiera y sumergiera en Dios se comunica a mi alma
de una manera inefable en estos días que estoy en el Cenáculo. Ya no es
sensible el amor que siento es mucho más interior. En la oración me sucede
como nunca me había pasado: me quedo completamente penetrada de Dios. No
puedo reflexionar sino como que me duermo en Dios. Así siento su grandeza y
es tal el gozo que siento en el alma, como que es de Dios. Me parece que me
encuentro penetrada toda de la divinidad. Hace tres o cuatro días que,
estando en oración, he sentido como que Dios bajaba a mí, pero con un ímpetu
de amor tan grande, que creo que poco más no podría resistir, pues en ese instante
mi alma tiende a salir del cuerpo. Mi corazón late con tanta violencia que es
horrible y siento que todo mi ser está como suspendido y que está unido a
Dios. Una vez tocaron la hora y no la sentía. Vi
que mis hermanitas novicias salían e intenté seguirlas; pero no me pude
mover. Estaba como clavada en el suelo. Hasta que casi llorando le pedí a N.
Señor pudiera salirme, pues todas lo iban a notar. Entonces pude; pero mi
alma estaba como en otra parte. Pero no todo ha sido goce.
La cruz ha sido bien pesada. Primero tuve que acompañar a
N. Señor en la agonías. Después me vinieron unas dudas tan horribles contra
la fe que tuve la tentación de no comulgar y después, cuando tenía en mi
lengua La tercera prueba fue la más
horrible. Sentí todo el peso de mis pecados y los numerosos favores y el amor
de Dios. Ya no sabía lo que me pasaba de ver que no correspondía a N. Señor.
Mi pena aumentó más en el refectorio al escuchar lo que hacían las monjas
primitivas. Me vine a llorar a mi celda, postrada, con la cabeza en el suelo.
En esto estaba, cuando llega N. Madre a buscar me para ir al huerto y me tuvo
todo el recreo conversando. Y yo ya no podía más; pero no le dije, ni se lo
di a entender. Todo lo contrario. En la noche me preguntó si estaba tranquila
y le dije que sí; pues lo estaba con la voluntad de Dios, y que estaba
agobiada con las gracias de Dios. Me mandó acostarme, lo que fue para peor,
pues vi que N. Señor no quería que ni aun lo
alabara. Después me quedé con tanta
pena que fue horrible. Al día siguiente, se me presentó N. Señor no ya en
agonía, sino con el rostro muy triste. Le pregunté qué tenía, pero no me
contestó, dándome a entender que estaba enojado conmigo. Pero después, como
yo insistiera en preguntarle, me dijo que no quería hablar conmigo, y que era
una pecadora, y me dijo en un momento todos los pecados de mi vida y siguió
muy triste. Quedé con una pena negra y confusa con mis pecados. Pero no podía
creer que estuviera tan enojado, pues El me ha dicho que me ha perdonado. Y
además, El es todo Bondad y Misericordia. La cuarta prueba fue
espantosa y tuvo lugar después de la oración, en que me vi
inflamada y transportada en Dios sin poderme mover. Se me vino el pensamiento
que todo esto eran engaños del demonio y la prueba estaba en que no había
obedecido a la campana. Fueron las tinieblas más horribles, pues me creí
desamparada de Dios. Además, sentía la pena más grande al ver que todas iban
a notar algo extraño en mí. Esto me llenaba de amargura, pues quiero pasar
desapercibida. Hoy, víspera de Pentecostés
[1919], he sentido ese arrebato de todo mi ser en Dios, con mucha violencia,
sin poderlo disimular. Y tres veces he vuelto y después he sido de nuevo
transportada. Sufro mucho, pues no sé si son ilusiones, y no tengo con quien
consultarlo. En fin, me abandono a la voluntad de Dios. El es mi Padre, mi
Esposo, mi Santificador. El me ama y quiere mi bien. 5. CARTA 27.
SEQUEDADES Y ANGUSTIAS. MORTIFICACIONES FÍSICAS. DECIDIDA PARA SEGUIR SU
VOCACIÓN ANTES LAS DIFICULTADES FAMILIARES. Al P. José Blanch, C.M.F. Santiago, 2 de
abril de 1918 Reverendo Padre: Creo no
habrá recibido mi carta anterior, por lo cual temía escribirle, creyendo
pudiera desagradarle, porque no he recibido contestación alguna. Pero mi mamá
me dice que le escriba, pues le Parece que no le disgustará. Veo que Dios quiere
probarme, porque a cada instante me envía sufrimientos. Mas
todos se los ofrezco, ya que comprendo que por ellos me he de asemejar a
Jesús crucificado y he aquí mi único ideal. Quiere de mí, Rdo. Padre, un
abandono total en sus divinas manos, y se ha constituido El mismo mi
director; pues creo que sólo El me satisfará después de ser Ud., Rdo. Padre, el guía que me dirigía hacia Jesús. Yo
pienso verdaderamente con quién me voy a confesar..., pues a mí me cuesta
tanto tener confianza, y además eso de tener que darse a conocer a otro
confesor me desanima. Tengo deseos de no elegir a nadie de director, sino a
Jesús, pues si El se lo ha llevado a Ud., Rdo.
Padre, es porque quiere ser El mismo mi Maestro. Además me manifiesta su
voluntad de una manera tan directa, que no puedo dudar sean esos sus
designios. Ahora me pide la renuncia
completa de mi voluntad, pues me dice que, si quiero ser crucificada a su
semejanza, es necesario despreciarse por completo y vivir en cada instante
cumpliendo perfectamente su divina voluntad, aunque ella me traiga sacrificio
e inmolación. He sufrido tanta sequedad
[y] abandono, que ya no es posible describirlo. Sobre todo una vez pasé como
una hora y media en una angustia tan terrible, que me dije: "Si esto
continúa, no voy a poder hacer nada". Pues sentía una soledad, un
abandono total, y al mismo tiempo yo veía que no tenía a quién comunicárselo.
Y esto me hacía sufrir. Supliqué a N. Señor me sacara de esa angustia, y
entonces El dejó oír su voz, e inmediatamente, con su palabra, la tempestad se
apaciguó; aunque quedé siempre en sequedad. Pero esto no me extraña, Rdo.
Padre, pues yo he sido la que he pedido a Cristo me prive de todo consuelo,
para que otras almas que quiero encuentren en los sacramentos y en la oración
paz y gozo. El voto de castidad se
cumplió ayer. Yo no me atreví a renovarlo, esperando pedir permiso. En cuanto a las
mortificaciones, no he hecho casi ninguna porque no tenía permiso. Sólo
mortifico la voluntad. Además, me pongo en posturas incómodas cuando no soy
vista. Y el Viernes Santo me puse, desde la una
hasta las tres, piedras en los zapatos, lo que me incomodó bastante. Pero
creo no lo podré hacer, pues casi no puedo andar y me lo pueden notar. También el Jueves y el Viernes Santo no bebí agua; ni comí dulces en
toda la semana. Pero ahora le pido permiso para hacer algo más, pues creo
conveniente, cuando estoy con desaliento [y] tedio, hacer alguna
mortificación, como vgr., ponerme cilicios, que voy
a comprar, y privarme un poco de la comida. Mas todo
quiero someterlo a su voluntad, pues sé que ésa es la de Dios. Siempre me pongo en la
presencia de Dios, pero hay días en que me olvido. Todos los días hago
meditación, y en este tiempo de Cada día que pasa se
aumentan mis deseos de ser carmelita. Me escribió pero
la realización de mis deseos la veo cada día más difícil. Ya principio a
sentir la oposición de mi familia, pues desean que salga del colegio para
sacarme a las fiestas; esas fiestas mundanas que son lazos para perder las
almas. ¡Ah! Ruegue, Rdo. Padre, por mí, para que salga victoriosa de la lucha
y de la tempestad que se inicia. Que pueda pronto llegar al puerto del
Carmelo donde espero encontrar el cielo en la tierra, es decir, el cielo en
el sufrimiento y en el amor. A veces siento deseos de morir antes que sucedan
estas cosas; pero digo con Nuestro Señor que se haga la voluntad de Dios y no
la mía. Es además cobardía no querer el combate. Entonces pido a Cristo me dé
las armas para vencer. También N. Señor me dice que me abandone a El. Ya que
siempre me ha auxiliado y me ha hecho vencer, ¿por qué desconfiar ahora? Mi salud es mejor. Sin
embargo, con franqueza le diré que siento muchas veces debilidad que no sé a
qué atribuirla. Sin embargo, estoy mejor en el colegio y puedo estudiar,
gracias a Dios. Tomo tónico, lo que espero me acabará de fortalecer para
poderme ir este año al Carmen. Rece, Rdo. Padre, por eso. Se lo suplico. No pierdo las esperanzas que
lo han de traer de nuevo a Santiago. Por eso no puedo resolverme a confesarme
con otro Padre. Creo que N. Señor quiere probarme. Que se haga su santa
voluntad. Le ruego, si le es posible, me conteste. Haga una obra de caridad.
Y le doy permiso para que me hable de todo esto de conciencia, y de todo lo
que juzgue conveniente para mi alma. Gracias, Rdo. Padre, por
todo el bien que me ha proporcionado. N. Señor se encargará de pagar lo que
mi pobre alma no puede pagar sino con humildes oraciones, que bien poco valen,
como Ud. sabe. Jesús las oirá para pagar su
caridad. Y Ud., Rdo. Padre, ruegue por mí en el
santo sacrificio de Su humilde y S.S. en Jesús,
Juana, H. de M. 6. CARTA 29:
PRUEBAS. DUDAS. SIN FERVORE SENSIBLE. RESISTENCIA ANTE EL "MUNDO". Al P. José Blanch, C.M.F. Santiago, 18 de
junio 1918 Reverendo Padre: Parece que
N. Señor ha querido probarme durante el transcurso de este año, pues he sufrido
bastante, sin tener a quién recurrir. He tenido muchas dudas respecto a mi
vocación de carmelita. Dudas también respecto a la fe; de tal manera, Rdo.
Padre, que a veces me preguntaba si existía Dios, pues me sentía
completamente abandonada de El. Miraba mi crucifijo y todo me parecía una
quimera. Lloraba e imploraba auxilio de Mi estado habitual es de una
sequedad espantosa. Muchas veces en la comunión paso distraída. No siento el
menor fervor sensible. Sin embargo, aunque no siento ese atractivo, no he
dejado de comulgar. El año pasado me porté perfectamente en el colegio. Mas
este año me ha sido imposible, aunque todos los días hago resoluciones de
portarme bien. Además, vivía en la presencia de Dios. Es cierto que invoco a
N Señor antes de algunos ejercicios; pero vivo tan poco recogida dentro de mi
alma que, en la noche, me pregunto dónde ha estado mi espíritu todo el día, y
no sé contestarme. Respecto a las
mortificaciones, siempre sigo sus consejos y he tomado la resolución de
negarme en todo. En cuanto al cilicio, todavía no lo tengo en mi poder,
porque resulta que la niña que me lo va a dar, no la he podido ver. De salud, gracias a Dios,
estoy mejor, porque el doctor conoció lo que tenía y me recetó remedios que
me han hecho mucho bien. Eso sí, necesito tanto abrigo, que me da no sé qué
abrigarme tanto, pero lo hago, pues lo necesito. Oración como hacía el año
pasado no he hecho, porque me aconsejaron que hiciera sólo los diez minutos
que hacen las monjas. Pero hoy mi mamá me ha dicho que haga la meditación en Las dudas que tengo respecto
a las carmelitas es por mi poca salud y, además, porque estoy segura que mi
papá se opondrá a ello. Cuando dudo, N. Señor me habla que esa es mi
verdadera vocación. Entonces me someto a su voluntad. Me falta un mes para salirme
del colegio. Quiero ahora prepararme para resistir a los halagos del mundo.
Le aseguro, Rdo. Padre, que tiemblo, pues me siento tan débil de carácter. En
fin, me pongo en los brazos de Ya me voy a ir al colegio.
Así es que concluyo pidiéndole, Rdo. Padre, se acuerde de esta pobre alma en
sus oraciones, para que, despegada de todo afecto terreno, viva unida a
Jesús, encontrando en El la dicha única y verdadera. Déme permiso para renovar el
voto que concluyó el día del Sdo. Corazón; pero lo
renové hasta mi salida del colegio, pues no pude escribirle para solicitar su
permiso, que creo no me lo negará. Todas las semanas, Rvdo. Padre, ofrezco la misa y comunión por su
santificación, para agradecerle cuanto le debo. Acuérdese de esta futura
carmelita en el sacrificio de la misa y ofrézcala a N. Señor como víctima de
amor y expiación Su a. S.S. en Jesús Juana, H. de M. 7. CARTA 31.
PENA AL TENER QUE SEPARARSE DE REBECA, POR SEGUIR SU IDEAL VOCACIONAL. A Elena Salas González Querida Elena: Todavía estoy
gozando con nuestra conversación. Verdaderamente comprendo cuánto vale una
buena amiga. Sentía verdaderamente la necesidad de expansionarme con alguien
que me comprendiera y que sintiera lo mismo que yo siento. ¡Cuánto bien me
has hecho! Te lo agradezco de todo corazón. He hablado con la que lleva
esta libreta. ¡Pobrecita! Te aseguro que me parte el alma [ver] cómo sufre. Y
soy yo todavía la causa de sus sufrimientos. La idea de separación la
preocupa demasiado, pues, como tú sabes, ella lo sabe todo. Elena, no te puedes imaginar
lo que siento en este instante. En este instante te aseguro
que siento más grande que nunca su cariño. Cuando se deja lo que se quiere,
parece que se siente el corazón más apegado. Pero en fin, mi ideal es grande
y lo voy de todas maneras a cumplir. Pide a Dios por mí, para que salga
triunfante en la lucha. Así es la vida. Es una continua tempestad que nos
pone a cada instante en peligro de zozobrar... Cuánto cuesta arribar al
puerto... Ten cuidado con esta
libreta. Escribe, si quieres, en ella tus impresiones. Yo escribiré las mías
en otra y después nos cambiaremos y escribiremos en las libretas cambiadas
algunas impresiones sobre lo leído. ¿Qué te parece? No la muestres a nadie, por
favor, ni te rías por esta carta tan elevada; pero cuando se tiene pena, se
necesita hablar así. Te abraza tu Juanita 8. CARTA 72:
DESGARRO AL SOLICITAR EL PERMISO DE SU PADRE. INMOLADA. ENTREGADA A Al P. Julián Cea, C.M.F. Santiago, [25] de
marzo de 1919 Muy Rdo. Padre: Estoy
sufriendo una verdadera agonía, pues hoy escribiré la carta a mi papá para
solicitar el permiso para ser carmelita, para que la reciba el sábado, día de
Apenas llegué a ésta se ha
renovado en mi el inmenso dolor que experimento al
pensar que los voy a dejar. Fue una lucha que sostuve contra mi propia
naturaleza cuando escribía carta. Y todo el entusiasmo sensible que sentía
hacia el Carmelo ha desaparecido. Me parece de repente que es una locura lo
que voy a hacer; que son ilusiones, etc. Pero está ya muy pensado y mi
voluntad lo desea como un bien verdadero. Doy gracias a Dios de esta
repugnancia natural que experimento, pues así la cruz que abrazaré será más
pesada y podré manifestar al buen Jesús más amor, ya que iré en busca de El
sin consuelo alguno. En mi oración no encuentro
gusto alguno, ni aún en la comunión. A veces pienso que sería mejor no
comulgar para no hacerlo tan mal; pero no puedo. No está en mi dejar de
hacerlo, pues N. Señor, a pesar de que ve mi corazón de piedra, me comunica
fuerzas, luz, en una palabra, vida. Todo el tiempo he notado que
estoy menos mortificada y recogida. Pero ya le he prometido a N. Señor volver
con todo ahínco a negarme en todo y a vivir sólo para El. Me tengo que
preparar para el favor tan grande que El me va a dispensar. Y sin embargo,
cada día me encuentro más miserable. Rece por mí que tanto lo necesito. Si N.
Señor no me encuentra preparada, no moverá el corazón de mi papá a darme el
consentimiento, y entonces no podría ya este año ser carmelita. No le pido a
Dios nada, mas que se cumpla en mi su divina
voluntad. A ella me abandono y digo con mi Madre Santa Teresa: "El todo
lo sabe y El me ama". No me preocupo de nada, pues sé que mi Jesús arreglará
todo por su pequeña esposa... Le ruego, Rdo. Padre, rece
mucho por un hermano extraviado del buen camino, que se aparta cada vez más
de él. No se imagina lo que sufro al pensar que hay en mi hogar un alma que
no ama a Dios y que le ofende tanto. He ofrecido mi vida por él, pero el
Señor no la ha aceptado. Cuando sea carmelita me inmolaré toda la vida por
este hermano que tanto quiero. Todos los días rezo por Ud., Rdo. Padre, conforme se lo prometí en Señor, y El no niega nada a
su Madre. Rece por todos los míos y
por esta pobre alma que Dios permitió conociera. No se olvide de encomendarla
al Señor, especialmente el sábado para que se cumpla en ella la voluntad
santa de Dios. Juana. 9. CARTA 109:
CONFIANZA ILIMITADA EN DIOS. LAS DEBILIDADES SON ESCALONES PARA SUBIR. Ser "hostias" por
amor. A Elisa Valdés Ossa J.M.J.T. 13 de junio de
1919 Nuestro Jesús es todo
Corazón. En este instante estoy presa por El. Me tiene encarcelada en el
horno del amor. Vivo en El, mi Hna. querida. ¡Qué paz, qué dulzura, qué silencio, qué mar de
bellezas encierra ese divino Corazón! Qué de ternuras me colma, a pesar de
serle tan infiel. ¿Cuándo será el día dichoso en que la muerte, rompiendo las
cadenas del pecado en el que nuestra alma vive, podamos decirle a nuestro
Dios: "Ya no te ofenderemos más, y nadie ni nada nos podrá separar de
Ti"? Otro punto [en] que creo que
me tienes muy aventajada es no hablar de sí misma, pues así se niega
completamente la personalidad. No sabes cuánto me hace falta este punto de
negación, porque, como tú me conoces, estoy tan llena de orgullo. No creas
que, porque estoy en el Carmen, me he despojado de mis miserias; antes al
contrario, cada momento, al compararme con mis santas hermanitas, me
encuentro más imperfecta. Como aquí todo es pureza, santidad, atmósfera de
luz, se ve una bien negrita. Soy una cholita, un carbón en medio de
brillantes. En cuanto a lo que me dices
de tu oración, yo creo que tu alma, como la mía, no son
para la meditación. No te desconsueles con no poder discurrir ni saberle
decir nada a N. señor. A mí me pasa muchas veces lo mismo, y no por eso creo
que mi oración es mala; pues el fin de la oración es inflamarnos en el amor
de nuestro Dios. Si el estar sólo en su presencia, si el mirarle sólo nos
basta para amarle, y estamos tan prendadas de su Hermosura que no podemos
decirle otra cosa [sino] que le amamos, ¿por qué, hermanita, inquietarnos? N.
Santa Madre recomienda esta mirada amorosa al Esposo de nuestra alma. Míralo
sin cansarte, Isabelita, dentro de tu cielito; y pídele, cuando le mires, te
dé las virtudes que te hagan hermosa a sus divinos ojos. Consuélalo con tus
lágrimas y acarícialo, que esto a El le encanta. Pídele por Fuente: www.santuarioteresadelosandes.cl |
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