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Pilatos lavándose las manos - Luca Giordano - 1660

LAVARSE LAS MANOS

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant


1.    “MIS MANOS LAVO EN LA INOCENCIA Y ANDO EN TORNO A TU ALTAR, SEÑOR”  (Sal 26,6)

Año tras año, y solo en Semana Santa, nos preocupamos de leer y escuchar la Pasión del Señor, ningún suceso de esos relatos nos deja indiferente, entre ellos, el lavado de manos de Pilatos narrada en la Pasión según San Mateo. Es muy conmovedor  cuando Cristo es entregado a la gente para ser crucificado: escuchamos el dolido, desarmado “Ecce homo”, “Aquí tenéis al hombre” (Jn 19,5) con el cual Pilato, a pesar de reconocer que no ha encontrado en él culpa alguna, entrega a Cristo a una multitud enardecida.

Es posible que dentro del año normal no meditemos esta pasión y solo lo hagamos en las festividades que celebramos una vez al año. Sin embargo, este gesto de “Lavarse las Manos” que nos conmueve y que nos parece tan lejano, hoy se repite muy cerca de nosotros.

Quizás ya no es necesario pedir un recipiente y una jarra con agua para lavarse las manos cuando se trata de eludir responsabilidades y condenar a personas inocentes que nada malo han hecho. Con todo, vemos a diario a muchos inocentes condenados sin culpas. No se trata solo de problemas legales, se trata de la injusticia, infamia e inmoralidad contra gente que no ha hecho ninguna falta y el que tiene la posibilidad de liberarlo de una injuria o falsa condena, calla y no acude en su ayuda.

2.    “LAVARSE LAS MANOS”.

Usualmente utilizamos esta expresión para señalar el sentido de desentenderse de la responsabilidad en cualquier asunto. Ciertamente, al igual que desaparece la suciedad al lavarse las manos, metafóricamente también desaparece la responsabilidad. Del mismo modo, también utilizamos esta alusión cuando sabemos que alguien pretende eludir las consecuencias de las propias acciones. Lo triste, es que muchas acciones como las de Pilato, condenan a personas inocentes, y el que se lava las manos, se cree libre de culpa y se queda muy tranquilo.

Dice el relato evangélico: “Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis.”  (Mt 27,24), por tanto la frase, “Lavarse las Manos”, alude al gesto de Pilatos que condenó a muerte a Jesús, para luego proclamar su propia inocencia.

Era costumbre de aquella época, cuando alguno quería aparecer como inocente de algún delito, tomar agua y lavarse las manos en presencia del pueblo.

3.    JUSTIFICARSE COMO PILATO.

Pilato ha querido justificarse, porque se pone en el lugar  de que se piense que el ha querido dejar libre a un inocente, y culpa a los demás de que lo han obligado a tomar una determinación de la cual no está de acuerdo, es decir, las circunstancias lo intimaron a pronunciar sentencia contra el Señor. Ciertamente no lo condena. Y para mayor aclaración, no solo no condena al acusado, se declara inocente, “Inocente soy de la sangre de este justo”, y luego además amonesta a los que piden sentencia señalando, “Vosotros veréis”

Cuantos Pilato conocemos o vamos conociendo hoy?, cuanto ha conocido el mundo desde todos los tiempos? No solo en las escrituras hay muchos, en la historia de la humanidad se pueden hallar bastantes y alrededor nuestro, otros tantos que conviven con nosotros.

Se lee en el Deuteronomio; “Se adelantarán entonces los sacerdotes hijos de Leví; porque a ellos ha elegido al Señor tu Dios para estar a su servicio y para dar la bendición en el nombre del Señor, y a su decisión corresponde resolver todo litigio y toda causa de lesiones. Todos los ancianos de la ciudad más próxima al hombre muerto se lavarán las manos en el torrente, sobre la becerra desnucada. Y pronunciarán estas palabras: Nuestras manos no han derramado esa sangre y nuestros ojos no han visto nada”.  (Dt 21, 5-7). Nada nuevo, desde todos los tiempos, hay quienes se lavan las manos para aparecer como inocentes.

Con todo el Señor manda; “Aléjate de causas mentirosas, no quites la vida al inocente y justo”  (Ex 23,7) y en los Proverbios, se dice lo que odia el Señor: “Seis cosas hay que aborrece el Señor, y siete son abominación para su alma: ojos altaneros, lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente, corazón que fragua planes perversos, pies que ligeros corren hacia el mal, testigo falso que profiere calumnias, y el que siembra pleitos entre los hermanos.” (Prov. 6, 16-19)

4.    ELUDIRSE DE UNA RESPONSABILIDAD.

En efecto, a lo largo de los siglos, son muchos los casos en la cual esta actitud de “Lavarse las manos”, así como de eludir una responsabilidad, y más aún de la verdad, ha generado sufrimiento y dolor. Es de esperar, no caer en esta costumbre y aprender a tener el coraje para estar al lado de la verdad, y si sabemos cuál es, no buscar argumentos para quedar bien incluso frente al inocente, dando explicaciones que no somos responsables de lo que le sucede, cuando de verdad, si podemos ayudarlo. En efecto, al no prestarle ayuda, terminamos por condenarlo.

El gesto teatral de lavarse las manos de Pilatos, alegando: “Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis, terminó por condenar á la muerte en cruz a Jesús, el Hijo de Dios vivo, el Redentor del mundo. El no ayudar a un inocente a no ser condenado, nos hace otro Pilato.

5.    LOS QUE PAGAN EL PRECIO DE LA HIPOCRESÍA HUMANA

Otro dato importante para reflexionar, les dice Pilato a la multitud: “Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo ningún delito encuentro en él" (Jn 19, 6b), es decir él se dio perfectamente cuenta que Jesús era inocente. Ciertamente Pilato “buscaba librarle”, pero a la inocencia de Cristo, reconocida por Pilato, el prefiere quedar bien y se rindió cuando los judíos gritaron: “Si sueltas a ése, no eres amigo del César”;  (Jn 19, 12) Expresamente lo dice Juan: “Cuando Pilato oyó estas palabras” determinó dar la sentencia de muerte contra Cristo, “Entonces se lo entregó para que fuera crucificado”.  (Jn 19,12)

En el Vía Crucis del año 2000, siendo Papa San Juan Pablo II, escribió esta meditación; “Son los inocentes los que pagan el precio de la hipocresía humana. No bastan decisiones a medias. No es suficiente lavarse las manos. Queda siempre la responsabilidad por la sangre de los inocentes. Por ello Cristo imploró con tanto fervor por sus discípulos de todos los tiempos: Padre, “Santifícalos en la verdad: tu Palabra es verdad” (Jn 17, 17).

6.    LAVARSE LAS MANOS PARA HUIR DE LA VERDAD.

“Dice Pilato: ¿Qué es la verdad?  Y, dicho esto, volvió a salir donde los judíos y les dijo: Yo no encuentro ningún delito en él.” (Jn 18,38) Pilato fue un abominable hipócrita, pregunta  a Jesús, "¿Qué es verdad?" y sale sin esperar la respuesta. Así también, hay muchos que preguntan, pero ciertamente, no quieren oír ni razones ni respuestas. Tener la verdad delante, es decir entre manos y mas encima preguntar cual es, es una actitud despreciativa. Jesús le había dicho: “Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz.”  (Jn 18, 37b)

“¿Qué es verdad? ¡Cuántos la ven, y preguntan por ella! ¡Cuántos la oyen, y la desprecian! ¡Cuántos la saben, y la condenan! Ninguna maldad tiene en el mundo tan numeroso séquito, ni tan bien vestido”, (Quevedo)

El Señor les Bendiga.

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant


 

Fuentes utilizadas para este articulo

Los textos Bíblicos están tomados de la Sagrada Biblia de Jerusalén (SBJ).

Este tema está publicado en el Link de mi pagina WEB www.caminando-con-jesus.org  CRONICAS Y COMENTARIOS


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