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SALUDO DE ADVIENTO

“MARA NA THA, ven Señor Jesús” (Ap 22,20).

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

 

1.    ES TIEMPO, ES UN GRAN REGALO

Este domingo 30 de noviembre, comenzó un nuevo año litúrgico, hemos vuelto al Ciclo B, hemos regresado al tiempo del Adviento y hemos retornado al tiempo que es un despertar en nosotros a la esperanza, es la hermosa fecha de la espera de la llegada de Jesús. Es así, como en este período del año litúrgico de Adviento y luego Navidad, recordamos un evento sucedido, es decir advenido; nace en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor;  (Lucas 2, 12), es la venida en la historia del Mesías, el Hijo de Dios, que asume nuestra misma carne de la Virgen María, por obra del Espíritu Santo. Al mismo tiempo, el Adviento nos anuncia otro evento-adviento de gran importancia, la espera de la segunda venida de Cristo en su gloria, al final de los tiempos.

Es tiempo, es un gran regalo, para recordar lo que el Señor nos ha dicho en el Evangelio de San Mateo de este domingo, estar prevenidos, porque no sabemos qué día vendrá el Señor, tiempo para la espera y, sobre todo, tiempo de estar alerta. También es un tiempo para entender mejor el sentido de la primera venida de Cristo, meditar y reflexionar porque ha cambiado con su venida y presencia, con sus enseñanzas y su Palabra el curso de la historia, es además tiempo para reflexionar sobre nuestro recorrido humano en las historia del hombre de estos ya 20 siglos de fe cristiana.

2.    TIEMPO DE MUCHA REFLEXIÓN

Por tanto, es así como este tiempo de mucha reflexión, estamos invitados a vigilar nuestra actitud de vida, san Pablo nos habla en Rom 13, 11-14; “Ustedes saben en qué tiempo vivimos y que ya es hora de que se despierten, porque la salvación está ahora más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe”, también para estar prontos y así recibir al Señor, del cual sabemos que vendrá al final de los tiempos, tiempo del cual no estamos ajeno, es hoy y mañana, el vendrá para manifestar la gloria del Padre y pronunciar el juicio sobre la historia y sobre cada hombre y cada mujer, donde cada uno mirando cara a cara y a los ojos, habremos de dar cuenta de si hemos cumplido con amar a nuestros hermanos o nos hemos dedicado hacerle daño con obras o con indiferencia, porque como dice el santo Padre san Juan de la  Cruz, a la tarde de la vida seremos juzgado por el amor, amor a Dios y en el a los hombres. Este juicio será, ciertamente y no debemos dudar, rico en misericordia, porque Dios conoce la debilidad del hombre y la auxilia, pero la misericordia de Dios tiene su fuente en la justicia, y auxiliara a aquellos que han sido lastimados, por tanto, debemos estar consciente en este tiempo y en adelante, estar iluminado por intenciones profundamente noble y que estás guíen y alumbre por siempre el camino de nuestra vida.

No obstante, no debemos estar temerosos, este tiempo no es tiempo de asustarse, todo lo contrario, es de una anhelante y alegre espera, es una vigila de esperanza y esta se hace en oración íntima y de amistad, dirigida a quien más nos ama y que sabe de nuestras necesidades, pero también, es de ayuda a las necesidades de los hermanos, donde primero atendemos a los más próximos, es decir a la propia familia, nuestros padres, nuestros hijos, nuestros hermanos y luego la hacemos extensivos a nuestros amigos, a los pobres, los pequeños, los marginados, los enfermos, los exiliados, los sin trabajo, a los que están privado de libertad, es fin, a todos cuanto están a nuestro alcance tenderle una mano, como se la extendería el mismo Cristo.

3.    ESTA ESPERA Y VIGILANCIA, SE NUTRE DE UNA FE HERMOSÍSIMA

En efecto, la espera de Cristo no la hagamos solo, ni pensando que el viene solo por mí, al contrario, el mismo Señor  nos anima a  salir a su encuentro, por lo que nosotros mismos salgamos de nuestra rutina para ir a encontrarlo en el mundo, allí donde está la desesperanza, donde están los que más sufren en esta egoísta humanidad que ha encumbrado los ídolos del egoísmo, la envidia, la arrogancia y todo aquellos que nos hace alejarnos de Dios.

Esta espera y vigilancia, se nutre de una fe hermosísima pero a la vez recia, donde con energía, caminamos hacia la montaña de Dios, de la cual nos ha hablado este domingo Isaías, (ls 2,1-5) el cual nos invita a animarnos a continuar caminando hacia el montaña de Dios, al que son invitados todos los pueblos.

4.    TIEMPO BENDECIDO POR DIOS

También recordemos, el Adviento como un tiempo bendecido por Dios, que se nos da como regalo para que despertemos del adormecimiento y de la costumbre de olvidarnos de la oración, gran arma que nos regaló Cristo para no caer en la tentación. (Cfr. Lc 2,46). Por tanto, en este bendecido tiempo, pidamos se nos conceda liberarnos de tantas cosas mundanas que no sólo nos retrasan y amargan en el camino hacia Dios y lo hacen más difícil. Porque subir a lo alto, con un peso a las espaldas y si en animo de la oración, el camino se nos pone difícil.

Observemos el Adviento, pues, como un cambio de estación. Es necesario procurar atención a lo que nos ocupa, a lo que colma nuestra vida, de manera que no vaya ser que tarde descubramos que no estamos preparados para vivir este hermoso tiempo que se nos ha concedido, o que desperdiciamos las ocasiones que Dios nos ofrece para prepararnos y de ayudarnos con la oración y el dialogo al mundo para la segunda venida de Cristo.

5.    LA ILUSIÓN Y LA ESPERANZA CRISTIANA, QUE ESTE ADVIENTO NOS PIDE VIVIR

Finalmente, que esta espera hecha de vigilancia, de ser solidarios con todos, nos permita volver abrazarnos con aquellos que hemos perdido la paz, como canta el Salmo 121; “Por amor a mis hermanos y amigos, diré: La paz esté contigo. Por amor a la Casa del Señor, nuestro Dios, buscaré tu felicidad”, que sea tiempo de oración, caridad, fe del que sabe ir al encuentro de Cristo con segura esperanza.

Que la ilusión y la esperanza cristiana, que este Adviento nos pide vivir y gozar, no sea la espera inútil de que suceda algo, al contrario, sea un amoroso darse qué hacer, día a día, esperando que el Amado Jesús, que ya vino una vez, finalmente venga para siempre en su gloria. Para que salga de nuestro corazón, el emocionado grito que nace del corazón de la Iglesia: “MARA NA THA, ven Señor Jesús” (Ap 22,20).

Cristo Jesús, llegue a sus corazones

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

Publicado en: http://www.caminando-con-jesus.org/adviento/ADVIENTO.htm

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